Vuelta a clases: mitos y verdades sobre el riesgo de contagios

Vuelta a clases: mitos y verdades sobre el riesgo de contagios

Las clases presenciales son indispensables en nuestro país, pero la clave de los cuidados está adentro y afuera del aula.

Por Gonzalo Aguilera

Tras más de un año de pandemia, hoy hay alrededor de 128 millones de casos de Covid-19 en el mundo y cerca de 3 millones de muertos en total. Particularmente, en Argentina, hubo un aumento claro de casos que nadie puede ignorar y que denominamos la “segunda ola de contagios”.

Cuando los números son simplemente números y dejamos de pensar en esos valores como en personas reales, comienzan otro tipo de debates. En esta oportunidad, la vuelta a las clases presenciales está en boca de todos constantemente, y por eso vale la pena analizarlo. 

Como se discutió a lo largo de toda la pandemia, el Covid-19 es muy transmisible y tiene alta capacidad de mutar, lo que implica que cada vez es más probable que el virus se torne resistente a los tratamientos y vacunas disponibles al momento. Por este motivo, disminuir la transmisibilidad es clave en la toma de decisiones, tanto a nivel individual como grupal y político.

Para comenzar a hablar del tema, es necesario aclarar que aunque los niños no son los principales transmisores de contagio, sí se infectan y sí pueden contagiar. Pero además, como suelen no presentar síntomas o pueden pasar desapercibidos, representan incluso un mayor riesgo, ya que pueden estar infectados, dispersar el virus activamente, y no ser identificados. 

El problema es que en esta segunda ola la tasa de contagios en pacientes menores aumentó notablemente. Por eso, en caso de retomar la presencialidad en las aulas (lo cual creo necesario), se necesitan extremar los cuidados para evitar la propagación del virus.

Además, si bien no deja de ser una obviedad, este factor de contagio no está solamente asociado a los pequeños que asisten a la escuela, sino también al personal docente y no docente, y a los familiares y convivientes de todas las personas que asisten a los establecimientos educativos.

En este sentido, quiero remarcar las tres pautas básicas y simples que hoy existen para el cuidado, pero también recordar que el “no riesgo” no existe: Cualquier actividad diferente a estar en nuestras casas, y sobre todo con los valores actuales de contagios y teniendo circulación comunitaria, implica un riesgo.

-Uso de tapabocas: Su ventaja es conocida, dado que disminuye la dispersión de gotas de saliva que las personas desprenden al hablar, toser o estornudar. Utilizando tapabocas, las partículas virales que tiene una persona infectada de coronavirus quedan retenidas en el material, disminuyendo así su dispersión al ambiente y el alcance a otras personas.

-Distanciamiento Social: Aunque sabemos que una distancia mínima de un metro y medio disminuye casi por completo la posibilidad de transmisión, este continúa siendo de los mayores problemas en el mundo. En las escuelas, en nuestro país, existe un grave conflicto por la falta de infraestructura en relación a la cantidad de alumnos por aula, por lo que el distanciamiento se torna complejo sin una medida adecuada como pueden ser los turnos. 

-Ventilación: La ventilación en todos los espacios debe ser preferiblemente cruzada, es decir, que permita una corriente de aire de manera tal que esté en constante recambio (con aberturas de al menos 5 centímetros), para disminuir la concentración del aire con potenciales partículas virales. Esto también implica un problema, sobre todo en estos momentos en los cuales las temperaturas son cada vez más bajas.

Todas estas medidas son totalmente necesarias en la vuelta a las clases presenciales. Pero no quiero dejar de insistir en que el riesgo siempre existe, y que todo lo que podemos hacer como sociedad es disminuir la probabilidad de transmisión, sabiendo que no podrá eliminarse por completo. 

Ahora, una vez que estas condiciones están dadas, también pueden surgir inconvenientes y dudas después de regreso a las clases, y es necesario contar con la información suficiente para actuar de la mejor manera posible. 

¿Qué pasa si hay algún alumno con síntomas en la clase?

Si el alumno presenta síntomas compatibles con coronavirus, no debe concurrir al colegio, debe dar aviso a la institución, y debe AISLARSE toda su burbuja hasta que se confirme o se descarte su diagnóstico.

¿Qué pasa si un alumno es contacto estrecho?

Si un alumno es contacto estrecho de una persona que podría tener coronavirus, no debe concurrir a la escuela hasta tener el diagnóstico. Si se confirma el caso, debe guardar aislamiento 10 días como cualquier otro contacto estrecho.

Si el alumno, además, presenta síntomas dentro de esos 10 días, tiene que testearse y el aislamiento se vuelve a empezar a contar desde ese día. Si no presenta síntomas, a los 10 días se reintegra a la escuela. En este último caso, su burbuja no debe aislarse, ya que los contactos estrechos de contactos estrechos no se consideran para estos casos. 

¿Qué pasa si un docente o alumno presenta diagnóstico confirmado de Covid-19?

Si un estudiante es positivo de coronavirus, su clase o burbuja debería aislarse de 10  a 14 días. Si un docente es positivo de coronavirus, deben aislarse TODAS LAS BURBUJAS en las que el docente participe (lo cual a nivel práctico es complejo, pero debería realizarse estrictamente de esta manera).

Dicho todo esto, la continuidad de las clases presenciales no es imposible, pero su seguridad se resume en dos grandes factores. El primero  los protocolos de disminución de riesgos dentro del establecimiento aplicados de manera adecuada. Y el segundo, y no menos importante, es la responsabilidad personal y familiar de lo que se hace fuera de los establecimientos, para intentar disminuir la necesidad de aislar a las burbujas educativas.

En lo que respecta a mi opinión y habiendo analizado el tema con detenimiento, las clases presenciales no son un riesgo para nuestro país. Lo importante, en cambio, es que puedan ser llevadas a cabo las medidas requeridas. Su perpetuidad en el tiempo depende tanto de la responsabilidad de los encargados de hacer respetar las medidas dentro de las aulas, como de las decisiones y comportamientos individuales que toman las personas que asisten y que tienen relación con los estudiantes, los docentes y el personal de los establecimientos educativos. 

Gonzalo Aguilera, estudiante avanzado de Licenciatura en Bioquímica (UNLP)