Una pausa en nuestra vida, un silencio entre tú y yo

Una pausa en nuestra vida, un silencio entre tú y yo

Este 7 de septiembre se cumplieron 25 años de la desaparición física de Miriam Alejandra Bianchi más conocida como Gilda. Su legado, las creencias populares hasta convertirla en santa, su música, ETERNA…

Por Tomás Pelaia

Esta maestra jardinera y mamá, respondiendo a un aviso de un diario en el que pedían vocalistas para armar una banda, se decide a ir a la entrevista pese a la resistencia de su pareja y su madre y así comenzó una carrera meteórica.

En sus inicios, conoce a Juan Carlos “Toti” Giménez, compositor y tecladista quien se convertiría en pareja artística y sentimental, quien se deslumbra con su voz y carisma, y encamina su carrera consiguiendo bailes y estudios de grabación.

Miriam Alejandra se convierte en “Gilda” en honor a Rita Hayworth, protagonista de una película de 1946 que llevaba ese título.

Su primer productor, José Olaya, “el cholo” del Clan Tropical viajo a Perú para conseguir músicos y armar la banda entre los que se encontraba Dany de la Cruz, que suele acompañar en la actualidad a Dama$ Grati$ o Dancing Mood.

Lanzarse como solista no fue un camino para nada fácil.  La movida tropical, al igual que distintos ámbitos han sido dominados por los hombres y en los años 90 tenían éxitos mujeres voluptuosos como Gladys “la bomba tucumana” o Lía Crucet.

Algunos de sus éxitos que hoy suenan tanto o más que ayer : “Ámame suavecito”, “Tu cárcel”, “No me arrepiento de este amor”, “No es mi despedida”, “Paisaje”, “Se me ha perdido un corazón”, hits que nos invitan a bailar, a recordar, a volar.

Muchos de sus temas han sido reversionados por distintos artistas como Attaque 77, Los Charros, Leo García, Natalia Oreiro, La Sole o Abel Pintos por citar a algunos que la han homenajeado en estos 25 años desde su partida física. 

Su corta pero exitosa trayectoria, sumado a su trágica muerte en el boom de su carrera, la convirtieron en un ícono popular argentino.

El 7 de septiembre de 1996 en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12 cuando se dirigía al norte de Entre Ríos, un camión chocó contra el colectivo donde viajaba, dando por finalizada no solo su vida sino, además, la de su madre, su hija mayor, 3 de sus músicos y el chofer.  

A comienzos de septiembre miles de “devotos” se movilizan hasta el nicho de la galería 24 para entregarle ofrendas a la diosa bailantera: cartas, flores, dibujos con su cara, ramos de novia y ositos forman parte del santuario de Entre Ríos, lugar del accidente fatal. Para los creyentes no hay diferencias entre los santos oficiales de la iglesia y los santos populares.

Desde antes de su muerte muchos fanáticos la atribuyen la condición de santa, se cree que realizo varios milagros. El primer testimonio de la fe popular se remonta a 1994, cuando la cantante ve a una niña que lloraba al pie del escenario en pleno show.  – “es porque desafinas”- se reían los músicos. Al terminar su presentación la pequeña y la mujer que estaba con ella se acercan a Gilda, contándole que la mama de la pequeña había estado al borde de la muerte y se curó escuchando repetidas veces su tema “Baila esta cumbia”. La acompañante insistió para que le tocase la cabeza, convencida de que así le curaría la diabetes.

La creencia se ha multiplicado tras su muerte y son innumerables las personas que creen que Gilda ha intercedido por ellos como un ángel de la guarda.

“Si el poder de mi música te puede ayudar, bienvenida sea mi música”- solía decir Miriam Alejandra Bianchi a sus devotos. ¡¡Simplemente Gilda!!