Serás madre o no serás nada

Serás madre o no serás nada

Tiempo atrás hablamos sobre las masculinidades y algunos mandatos que las atraviesan. Siguiendo esta línea, me gustaría que nos centremos en un mito que sostiene modos hegemónicos de “ser mujer”: aquel de que “todas las mujeres desean ser madres”.

Por Belén Lambert

Esta afirmación, en colaboración al mito del amor romántico que abordamos anteriormente, intenta asentar como único destino posible de las mujeres a la procreación y el armado de la “familia perfecta”. Presentado de esta forma, pareciera que una mujer puede sentirse realizada sólo a través de SER MADRE. Además, se naturaliza este deseo como algo instintivo, que viene de la mano de poseer un útero gestante.

¿Qué lugar le queda a las mujeres para decidir su propio proyecto? ¿Pueden enfrentarse a la idea de ser madres sin ponerse presiones? ¿Por qué a una mujer se le pregunta cuándo va a ser mamá como si fuera una cuestión inexorable? ¿Hay mujeres que se rebelan contra su deseo de maternar por sentirlo una imposición?

El cuestionamiento no se dirige hacia el deseo de ser madres, sino hacia aquellos modos de subjetivación tradicionales, con los cuales las mujeres se han medido a ellas mismas y han sido valoradas socialmente. Hablo de mujeres y no de cuerpos gestantes, porque este mandato tiene que ver con la construcción sexogenérica de las feminidades.

Así, tomando prestada la cuestión anatómica, se ha justificado la división de tareas en el hogar y en el mundo del trabajo; se ha establecido aquello que se debía sentir y pensar para ser una “buena mujer”; se ha asignado incluso rasgos de carácter, ligados a la sensibilidad, la pasividad y al cuidado de les otres en todos los espacios por los que circulan las mujeres. La idealización de la maternidad y la conyugalidad, la puesta de aquellos proyectos como los ejes y fines de vida, puede provocar todo tipo de angustias, culpabilidades, autoexigencias, actitudes sintomáticas que se tornan sufrimiento.

Hay mujeres a las que no les interesa tener pareja, y apuestan a la maternidad con métodos alternativos; otras que se someten a múltiples tratamientos para poder llegar a cumplir el sueño de tener une hije más allá de las complicaciones biológicas; y aquellas que se desesperan ante la idea del “reloj biológico” que corre y les exige cumplir esa meta. Mientras algunas se sienten presionadas por tener que decidir entre quedarse embarazadas o apostar al crecimiento profesional, sabiendo que serán desplazadas de sus espacios laborales en caso de elegir la primera opción; otras se angustian ante la falta de apoyo e iniciativa de le compañere con quien intentan encarar tal plan de vida. También están quienes no se lo preguntan, porque tienen decidido que ese proyecto no les cuadra en su esquema personal o porque saben que es algo que quieren y podrán lograr sin problemas.

Así de variadas son las situaciones que se generan alrededor de la idea de maternar, como tendría que ser en cualquier aspecto referido al proyecto de vida y a la construcción de la propia identidad. Ya se han propiciado algunos cambios, y las mujeres han podido hacerse nuevas preguntas y elegir un poco más. Sin embargo, todavía podemos seguir trabajando para que esas elecciones propias sean válidas por sí mismas, sin considerarlas un acto de rebeldía o de sumisión a la opción presentada como “verdadera”.

Que el grito “La maternidad será deseada o no será” se haga carne, para permitirse pensar y decidir libremente sobre este tema y sobre tantos más que irán surgiendo en el apasionante camino de la existencia.