Selene Avalle: “Perdimos los Días de la Lluvia”

Selene Avalle: “Perdimos los Días de la Lluvia”

Inauguramos el ciclo de entrevistas a escritoras y escritores en la librería El Ventanal, y charlamos con Selene Avalle, autora de “Perdimos los Días de la Lluvia”, un poemario para llorar, reír y abrazar todas esas ideas y climas que se nos construyen en la memoria.

Por Tomás Pelaia

Selene Avalle, escritora Marplatense de 30 años, acaba de publicar su primer libro, un poemario de veinticuatro piezas de gran potencia emocional que lleva el nombre “Perdimos los Días de la Lluvia”. El volumen fue editado por CEPES Ediciones, un proyecto editorial surgido a principios de este año a partir de la Fundación CEPES (Centro de estudios Políticos, Económicos y Sociales).

Selene pasó buena parte de su infancia en Pinamar, donde se desempeñó en diversas actividades artísticas, como las danzas clásicas y contemporáneas, el teatro y el dibujo. A su vez, es una apasionada del atletismo. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires y, en la actualidad, se encuentra realizando su tesis de Sociología en la Universidad Nacional de Mar del Plata.

Charlamos con ella en el salón de la librería El Ventanal, ubicada en Moreno e Yrigoyen, y nos contó un poco sobre sus procesos de escritura, el camino desde la sociología a la poesía y nos dejó algunos consejos para escritores noveles.

—Hace unos meses se publicó “Perdimos Los Días de la Lluvia”, con CEPES Ediciones. ¿Existe una sinopsis del libro?

—Es una muy buena pregunta, y para responderla voy a recurrir al prólogo, que me lo escribió Marcelo Díaz. El título y la portada tienen que ver con algo climático que tenemos acá en Mar del Plata, y en toda la costa, que es la lluvia. Pero también con la familia, la mía y otras muy similares, y ese paisaje de austeridad que tiene que ver con la lluvia y haber perdido algo. Hoy amaneció lindo y termina casi lluvioso. Nos acordamos que nos gusta la lluvia. Por eso perderse los días de la lluvia es algo terrible. El libro trata sobre una familia arrasada y de este fenómeno que es la lluvia.

—Es un poemario.

—Es un poemario de 24 piezas. Mi primer poemario publicado, pero no el primero que escribo. Estos son poemas que hice hace poco tiempo. Los primeros en ser publicados, pero los últimos en ser escritos.

—¿Cómo fue tu formación literaria?

—Fue pobre. Creo que empecé a leer de forma tardía. O sea… [Risas]

—A los 14?

— [Risas] Me interesé tarde. Leía literatura en la escuela, porque encima era malísima en el colegio. No me gustaba lo que nos hacían leer. Algunos pocos los termine. Aun así aprobaba. Más adelante estuve en pareja con un profesor de letras. Eso como que influyo. El escribía poesía. Por ese lado me llego Juan Gelman. Vos imaginate que para hacerme la canchera fui y le elogie los “poemas de Cortázar” y él me mira tipo “¿Cortázar tiene poemas?”. [Risas]. Me quedó muy grabado “La Continuidad de los Parques”. Toda esa cosa recursiva y circular me atrae mucho.

—¿Cómo era tu relación con la poesía en ese momento?

—La poesía me resultaba algo antiguo, de rima consonante. Muy restrictivo. Me acerque a la literatura por otras cuestiones. Mucho de publicar en Facebook, hacer una suerte de blog de mi vida que terminó redundando en escribir. Es ahí que empecé a leer cosas de gente más joven y encarar ciclos de poesía. Para escuchar. Por esa época me llego “Balada de la Cárcel de Reading”, de Oscar Wilde, que es una forma muy narrativa de hacer poesía. Era poesía, pero yo no sabía que era poesía. Tiene un formato extraño, muy extenso. Medio motivada en este contexto es que arranque un taller de poesía.

—¿Hace cuánto de esto?

—Estamos hablando de 2017. Hace muy poco. Para ese entonces ya estaba leyendo hacía tiempo a Albert Camus. Siempre digo, él no escribía poesía, pero, además de ensayos, hacia prosa poética. Hermosísima. Mucho de la familia, de la amistad, mucho de la naturaleza del lugar en el que se crio. Y, si bien no escribió poesía, me ha dado muchas experiencias cercanas. Lo amo. Mucho de la gente con la que me he rodeado me ha alentado a escribir, indirectamente. Me acuerdo que mi primer poema se llamó “Llueve Bosques, calle abajo”.

—Hay algo ahí, con la lluvia…

—Tenía mucho de usar formas de escribir similares a Gelman porque, en ese momento, era el único referente que tenía. Después me puse con Yanuzzi y mucho de la época de la dictadura en la que tuvieron que exiliarse. Me gusta esa poesía. Dura, fría, descarnada. Va al hueso. No me gusta dar vueltas. Ni cierta cadencia a la hora de leer. Después empecé un taller con Carolina Bugnone, que fue la editora del libro. Esto durante la pandemia. Me metí mucho en las clínicas de poesía.

—¿Podes definir tu estilo?

—A mí me gusta escribir breve, conciso, casi minimalista. Una mixtura entre lo lírico y lo más concreto. Y con contenido narrativo. Me gusta escribir del agua un montón. De repente te das cuenta que estas escribiendo bien. Con musicalidad. De a poco vas largándote como poeta y recitando tu propio material. Y después me ofrecieron editar desde CEPES Ediciones.

—¿Cuál fue el rol de la editorial en todo esto?

—Súper dinámico. Suelo creer que lo bueno siempre le pasa al otro, el poeta es el otro. Y de repente me escribe Caro [Bugnone] y me cuenta que me habían seleccionado para ser la primera poeta marplatense publicada de la editorial. Que si quería. Obvio. ¿Cómo voy a decir que no? Tuve una banda de suerte con los chicos. Re agradecida con todos los compañeros con los que aprendí, con los profes. Yo me preguntaba “¿por qué  quieren que sea la primer publicada?”…

—¿Por qué no?

—Ellos querían algo fuerte. De lo último que había escrito. Y a mí me parecía que era material que estaba poco laburado. Caro me dijo “Para marzo-abril sale”, como si fuera mucho tiempo. Ella lo ordeno todo. Un gran laburo de edición. Le dio un sentido muy particular. Lo que hizo fue hacer como un alternado de poemas más fuertes y poemas más livianos. La primera vez que lo leí, lloré.

—¿Cómo fue el proceso de escritura?

—El primer poema del libro lo escribí después de enterarme que se iba a publicar. El material empezó a salir a raíz del fallecimiento de mi tío. Antes no escribía sobre mi familia. Todas las infancias son distintas, pero la violencia, lamentablemente, atraviesa a muchas familias. Y el libro tiene un poco eso sociológico de ir a buscar la veracidad, ¿no? Aun así, durante mucho tiempo no quería escribir de eso. No me parecía novedoso. Pero cuando mi tío falleció, empecé a escribir sobre el hospital y su muerte. Esto en 2018. Para esa época se dieron situaciones desagradables que me impulsaron a agregar a mi abuela en el poemario. Acá está genial la cuestión de la edición. Tengo poemas muy fuertes donde tengo 5 años y me siento vulnerada y continúan poemas previos que no están temporalmente relacionados, pero que tienen total relación. Por un lado, una mujer, una niña, vulnerada por distintos tipos de violencia, y por el otro, una curiosidad por el sentir del cuerpo de otra persona. El libro tiene cosas muy del pasado y cosas que me “triggerean” ahora. También sume unos poemas que hice sobre mi madrina, Moma, que es lo más. Más que una madre para mí. Tuve dos infancias. Una con mi familia nuclear, con muchos malos recuerdos, y una infancia hermosa llena de los paisajes de la portada. De la lluvia y del Pinamar donde crecí con mi madrina y mis hermanos.

—¿Qué consejos podes dar a nuevos escritores?

—Formarse me parece importante, por eso los talleres. A mí me gustan mucho los cuadernos. Para todo. Listas, cositas. Escribir notas, columnas también ayuda. A veces puede salir un poema de una nota, de una frase. Es importante desestructurar la poesía, esquivar la rima consonante. Inspirarse leyendo, es muy importante. Encontrar un autor o autora que te conmueva. Encontrarse ahí. Leer autores contemporáneos. Ir a clínicas y talleres. Y probar. Y, en lo preciso, no tengan miedo de invertir el orden de los versos y volar algunos otros.