Santi Almada: “La empatía está al toque de la sensibilidad”

Santi Almada: “La empatía está al toque de la sensibilidad”

Por Chicho Ayetz

Santi Almada es profesor de teatro y trabajó cuatro años en el Teatro “La Fábrica” de Tandil, donde se desarrolló como actor, dramaturgo y director. Pero además de todo esto, hace un análisis de su profesión y tira la posta: “Siempre interpretar un personaje está bueno, te propone ir a lugares donde no existís”. 

Esta semana, Santi dió el permiso y Uf! se metió en su “yo artístico” para liberarlo todavía más: qué se siente meterse en otra carne, cómo salir de nuestro cuerpo nos hace crecer, la importancia de la empatía, cómo practicar para ser y qué recomienda a los que quieren actuar pero todavía no se animan. Todo esto en una entrevista fugaz para leer y parar un poco la pelota; porque, después de todo, el arte es lo único que todavía detiene el tiempo. 

-¿Cuánto de actuación hay en la vida y cuánto de vida en la actuación?

Hay un montón de teatro en la vida real, y más de real hay en las escenas de teatro. No se puede comprender del todo, una cosa sin la otra. Los mejores intérpretes, para mí, son los que más han vivido y no me refiero a la edad, sino a diferentes experiencias que enriquecen la actividad artística que ejercen. Algo muy lindo de percibir es cuando vas avanzando en la formación académica o de experiencias artísticas, y vas cambiando la mirada para ver y detectar escenas teatrales en la vida cotidiana. Detectás enseguida cuando hay conflicto, tensiones, las formas y manera de decir de las personas o si les está pasando algo. Es una mirada que creo que se afina con el devenir escénico. La actividad escénica propone reveer la realidad de una forma artística en algún punto, y nunca dejás de pensar en ese sentido, siempre estás craneando o pensando de manera teatral.

-¿Qué se siente interpretar a un personaje? 

Siempre interpretar un personaje está bueno, te propone ir a lugares donde no existís, habitar registros que no tenés, que no manejás, te da una perspectiva diferente de cómo los demás entienden o viven los acontecimientos que les toca vivir y lo que les pasa. A veces es muy complicado empatizar con un personaje y otras veces es muy sencillo, porque lo apropiás. Yo creo que uno compone siempre desde uno, desde lo que uno sintió o vivió, o agrandando esas marcas personales. Para componer un personaje violento usamos nuestras violencias, para un personaje amoroso usamos nuestros amores. 

-¿Y en el caso de que represente algo que no te gusta?

El arte de la actuación puede componer también desde algo que a uno le es totalmente ajeno, que es muy difícil hacer y transitar con sinceridad. Es muy interesante lo que nos toca, tener que interpretar cosas que a veces no nos gustan de nosotros cuando nos toca un personaje simple, patético, zonzo con el cual no empatizamos. No es fácil, pero es lo que nos enriquece como artistas. Poder ser lo que haya que ser al servicio de la escena, al servicio de la actuación y de la historia, ponerse detrás de lo que se proponga el hecho artístico. A veces nos ponemos a componer para un otro, un aplauso, y no está mal, pero también se trata de componer para uno, para un producto, para una historia que tiene que ser contada por más que muestre mi lado oscuro, mi lado expuesto, mi lado vulnerable.

-¿Qué tan importante es la empatía?

Es una herramienta muy fuerte. Yo supongo que la sensibilidad es algo que le es propio a todos los artistas, si algo no te sensibiliza o no te produce belleza o no te da ganas de crear, no sirve. Algo hilarante al hacer artístico es la sensibilidad. La empatía está al toque de la sensibilidad. Uno no puede ser un creador de colores, de emociones, de movimientos, de ritmos, sin prestar atención al que está al lado, al otro, a lo que otros han creado. La empatía en un sentido amplio siempre se ejerce. En cuanto al teatro, es un arte colectivo por excelencia, porque para hacer teatro tiene que existir un convivio, que quiere decir una coexistencia entre una persona que está interpretando y se hace pasar por otra cosa y espectadores, al menos uno, ahí en presente. En cuanto a las obras de teatro virtual o por streaming, eso no es teatro, lo diferido no es teatro, el teatro siempre es en vivo y en presente, y es efímero, empieza y termina. Empieza, conmueve o fracasa, y termina. El teatro también tiene un ciclo natural. El teatro vivo, el más lindo, es el empático y el que se hace entre todos.

-¿Cómo ejercitás?

Es como me dijo un amigo una vez, para aprender a hacer teatro hay que hacer teatro. Te ejercitás haciendo, produciendo, creando, yendo a ver, es muy importante ir a ver obras. Prestarse a la experiencia esa que te puede incluir como actor, como realizador o como espectador, porque también cuando uno especta es parte del hecho artístico. Cuando estás ahí conmovido, o te estás riendo, estás prestando tu atención y estás viendo en presente eso y eso te está comunicando algo. Ver teatro es también hacer teatro.

-¿Qué le dirías a alguien que se está iniciando en la actuación?

Que pruebe y vaya a talleres, a ver obras de teatro, que se imagine, que sueñe, que proyecte. Por algo se arranca. En mi caso fue una inquietud bastante interna, no fue algo contextual, no es algo común. El teatro llega a través de otra idea, como series o el cine, que no es teatro, pero uno después redescubre otro quehacer artístico porque es un lenguaje totalmente diferente y no por eso menos hermoso o menos atrapante. El teatro hace bien y para mí, decir eso, es redundante.