“Paren de matarnos”, resonancia del 8M

“Paren de matarnos”, resonancia del 8M

En Psicoanálisis hablamos muchas veces de la “escucha activa”. Es esa actitud de cada analista que lo predispone a “escuchar todo, sin escuchar nada en particular”. El discurso de le paciente fluye, hasta que algo produce una resonancia, un eco que hace ruido y que es necesario indagar. 

El pasado 8 de Marzo se realizaron marchas y actividades en todos los puntos del país. El espíritu y la organización de cada evento fue diferente, pero hay un mismo mensaje que resonó y viene resonando hace tiempo: “Paren de matarnos”. Frase fuerte, chocante y que nos invita a reflexionar.

El día de la mujer se conmemora a partir de la protesta de un grupo de mujeres trabajadoras que buscaban una mejora en sus condiciones laborales, en Nueva York. Estas luchadoras no pudieron conquistar los derechos que reclamaban, y aún en la actualidad se siguen reproduciendo desigualdades totalmente injustas respecto a los índices de contratación, los salarios, la relación laboral entre mujeres y hombres; pero lo más terrible es que en esa fecha, allá por 1875, murieron 120 mujeres a manos de la policía. ¿Les suena familiar?

Pasaron más de 100 años, y las mujeres siguen muriendo violentamente. Las cifras que nos dejó el 2020 son alarmantes: un femicidio cada 29 horas. La cuarentena y el pedido de “quedarse en casa” propiciaron un escenario en el que la muerte estaba a la orden del día: el 59% de los crímenes fueron perpetrados por parejas, ex parejas o familiares de las víctimas, la mayoría de las veces, convivientes de las mismas. Otro número que agrava el problema es que el 25 % de las mujeres asesinadas había denunciado a su agresor, incluso en reiteradas ocasiones. En lo que va del presente año las cifras no dejan de aumentar.

A todo ésto nos referimos cuando compartimos en redes aquellas noticias sobre mujeres que aparecen muertas;  cuando pintamos carteles de NI UNA MENOS para salir a las calles; cuando nos enojamos con “periodistas” que, teniendo acceso a un micrófono, se dan el lujo de decir que cada una debe empoderarse, como si todas tuviéramos las mismas oportunidades que Viviana Canosa. 

El Estado debe asegurar mecanismos de intervención para los más débiles, y en estos casos no sólo hablamos de la fuerza física, sino también de un desigual acceso a los medios materiales y simbólicos. ¿Cómo puede defenderse una mujer que no tiene trabajo y necesita irse de esa casa en la que convive con un golpeador? ¿Cómo puede hacer una denuncia y entender las medidas de protección una mujer que tuvo un limitado acercamiento a la educación por dedicarse a sus hijos y su marido? 

Hacen falta políticas públicas que piensen en la salud para cada género en su particularidad y en su diversidad de problemáticas, que apunten a la prevención, que distribuyan recursos e información. Deben reforzarse los dispositivos que protegen a las mujeres víctimas de violencia de género, y se debe desburocratizar su ejercicio desde el plano mismo de la Ley. Mientras tanto, hace falta que las mujeres sigan denunciando y hablando de lo que les pasa. Hay mucha gente capacitada para brindar ayuda en la línea 144 y en las entidades dedicadas a temáticas de Género en cada localidad. 

Desde nuestro lugar, todes podemos escuchar esa “resonancia” cercana… nuestra amiga, nuestra compañera de trabajo, nuestra vecina pueden estar sufriendo, y nosotres podemos ser esa red que la ayude a escapar del maltrato.

Nos falta un montón, tenemos que trabajar mucho para dejar de llorar a las que no están ¿Es fácil? No, pero es URGENTE.

Lic. en Psicología, Belen Lambert.