Pablo Censi: “El artista tiene que incomodar”

Pablo Censi: “El artista tiene que incomodar”

En una charla exclusiva con Uf!, Pablo Censi reflexiona acerca del rol de los artistas en la actualidad, las diferentes formas de concebir al arte en Argentina y en el exterior y el impacto de la pandemia en el mundo del circo y del teatro.

Por Milagros Delrieu

Foto: gentileza Pablito Censi

Llegó al circo por accidente, o porque su vida “es un cúmulo de errores”, como le gusta pensarlo. Cuando se encontraba estudiando el profesorado en Educación Física, Pablo se confundió de clase e ingresó en una escuela de circo. Desde ese entonces, los caminos en el mundo artístico se fueron abriendo y diversificando, pasando por diferentes compañías, recorriendo el mundo con obras y produciendo y dirigiendo algunas propias. 

En diálogo con Uf!, el saladillense hace un recorrido por su carrera, brinda detalles sobre sus últimas producciones y analiza el lugar que ocupan los artistas en la sociedad actual. 

-¿Cómo fue tu experiencia de hacer circo en el extranjero? 

-En realidad la experiencia es igual tanto en el extranjero como aquí porque las obras que he podido vender en el extranjero han sido realizadas acá, con un grupo de compañeros y son las mismas que llevamos a otros países. La única diferencia a compartir es que en el extranjero hay un circuito, un mercado, bastante consolidado de circo, donde podés encontrar un circo experimental, un circo de calle, un circo de carpa; y bajo esas lógicas es mucho más fácil poder vender el producto. Hay una relación dinámica entre oferta y demanda, y en Europa la gente está mucho más educada en relación a las artes escénicas. En América Latina estamos un poco más atrasados en esa experiencia y pensar el arte como trabajo es algo que recién se está empezando a hablar. 

Foto: gentileza Pablito Censi

-¿Cuándo llegó la actuación a tu vida? 

-Me gusta pensar que mi vida es un cúmulo de errores y lo cuento más de forma anecdótica. Me confundí: fui a tomar clases de gimnasia artística, porque era en ese entonces estudiante de Educación Física, y me equivoqué de clase y caí en una escuela de circo. A mí me gustó la disciplina que hice en ese momento, que era trapecio, y el profe me dijo que me veía aptitudes para poder desarrollarme en las artes del circo si me interesaba y me entusiasmó. Y a partir de ahí, más que llegar la actuación a mi vida fue una decisión de empezar a buscarla, para poder ser un profesional y dedicarme al circo contemporáneo, experimental, que se relaciona más con el teatro. 

-¿Cómo fue que decidiste comenzar a producir y dirigir obras? 

-Digamos que fue un juego en un comienzo. Después de depender de que directores me contraten, de estar en la Compañía de Teatro Acrobático de la Universidad de San Martín, de haber pasado por el Cervantes y diferentes experiencias; con una compañera comenzamos a hablar de que no nos estaban llenando las producciones que estábamos realizando y dijimos: “¿por qué no empezamos a hacer nuestras propias producciones?” y fue así como desarrollamos el concepto de “Circo político”, donde afortunadamente nos encontramos con un dramaturgo, que es Juan Pablo Gómez, y empezamos a mezclar el circo con la política. 

-¿Cómo definirías al teatro? 

-Conceptualmente, como el arte del presente. Después, como lugar arquitectónico, es el lugar donde trabajo, mi oficina y mi hogar. 

-¿De qué se trató el documental “Recorte de Jorge Cárdenas cayendo” que se emitió vía streaming? 

-”Recorte de Jorge Cárdenas” es una obra que habla de una problemática del 2001 y nace de la inquietud de seguir trabajando y de estar comprometidos política y socialmente con ese tipo de material. Con mi compañera de trabajo, Flor Montaldo, estuvimos escribiendo y editando para hacer ver el material con los ojos que nosotros queríamos que se viera la obra. Tuvimos entrevistados, como el fotógrafo que retrató a Jorge Cárdenas ese 19 y 20 de diciembre del 2001; la docente e investigadora del fotoperiodismo, Cora Gamarnik, y Juan Vallejos, investigador del CONICET, que trabaja sobre las artes escénicas que hablan del 2001. Y con todo eso construimos la obra que transmitimos vía streaming, que fue presentada en Bolivia, en Colombia y en Paraná.

Foto: gentileza Pablito Censi

-¿Fue fácil adaptar el teatro a la virtualidad? 

-Yo creo que el teatro no se adapta a nada. Y si el teatro, en algún momento de su existencia, se llegase a adaptar a algo, inmediatamente dejaría de ser teatro. 

-Otro proyecto del que participaste fue la obra “Alegoría”, ¿qué se buscaba comunicar con ella?

-”Alegoría” fue una obra que nació en cuarentena bajo una pregunta y una inquietud: ¿Qué está pasando con las mujeres que están encerradas en esta cuarentena?.. Nació de una incomodidad, de un cuestionamiento, de un contexto social, político e histórico en el cual estamos parados hoy en día, y a través de la necesidad de visibilizar eso. Justamente en ese momento había sucedido un femicidio aquí en Saladillo y salían a la luz denuncias de abusos, de maltratos, de golpes y por eso hicimos una obra de teatro físico que habla de cómo el cuerpo de la mujer es territorio de la sociedad, que pasó a ser un objeto manipulado, manoseado, torturado, destruido, ocupado, usurpado. Por un lado se buscó visibilizar eso y por otro lado la estrategia fue doble: invitamos a profesoras de ESI a la obra, hablamos con gente que trabajaba por los derechos humanos, con la Comisaría de la Mujer, con artistas, con agrupaciones como el “Ni una menos”, pero implícitamente la intención del debate era hablar de esta problemática social y política que se venía dando. 

-¿Crees que hay una visión diferente del arte en Argentina que en alguno de los otros países en los que estuviste trabajando? 

-Lo primero que se me ocurre es contrapreguntar “¿qué es el arte?” y seguramente ahí nos encontremos con diversas respuestas, que están atravesadas por diferentes paradigmas -y sobre todo por el paradigma de la belleza-, pero también por miradas históricas, políticas, sociales. Entonces me parece que el arte no se repite ni siquiera aquí en Argentina, ni en ningún lugar. No habría dos obras de arte iguales en ninguna parte del mundo. Lo que son distintas son las formas de producción, que están sujetas al contexto social y político, pero sobre todo, al contexto cultural y económico. 

-Últimamente estuviste formando parte de agrupaciones de artistas independientes. ¿Cómo se organizaron? ¿Qué buscaban visibilizar? 

-Creo que la intención que hoy predomina en Argentina y en América Latina es empezar a visibilizar que el arte es un trabajo; que no estamos reconocidos como trabajadores de la cultura, que se piensa que hacer teatro, música y circo es hacer ocio y no se valora; ni simbólica ni monetariamente. Entonces el poder agruparse tiene que ver con empezar a hablar, problematizar y visibilizar esto. 

Foto: gentileza Pablito Censi

-¿Qué pensás que hace falta para que los artistas puedan vivir de su trabajo? 

-Creo que para que eso suceda el contexto en América Latina y el contexto familiar tiene que ayudar mucho; dónde nace cada uno, el apoyo y demás. Por otro lado, me parece que lo que hace falta como primera medida, si las condiciones familiares y económicas resultan, es una cuestión de decisión; y eso depende del estilo de vida que quiera llevar cada uno. 

Por lo general, en Argentina los artistas viven también de dar clases y la estabilidad la da la docencia; y eso hace también que se le dedique menos tiempo a poder vivir de ser artista. Y eso es producto del contexto en el cual estamos situados: con falta de mercado, con falta de que el Estado o productores bajen un dinero para que se realicen producciones. Porque para ello el artista tiene que salir a buscar los recursos necesarios y eso hace que se desvíen un poco los horizontes y que terminemos dando clases, seminarios y demás.  

-A pesar del cese de funciones y espectáculos durante varios meses de cuarentena, ¿creés que la pandemia tuvo algún lado positivo en el mundo artístico?  

-Sí, en lo positivo creo que empezó a generar un mayor movimiento de los artistas que repiensan sus prácticas, que comenzamos a volver a las bases. Y también a dejar una gran reflexión sobre qué es el artista, qué es vivir del arte o cómo ver al arte como un trabajo. En todos los aspectos artísticos hubo una gran reflexión sobre las disciplinas que cada uno maneja y a su vez una gran búsqueda para poder seguir viviendo de lo que hacemos. 

-¿Cuál creés que es el rol del artista en la sociedad? 

-Creo que el rol del artista es ser artista. Me gusta la idea de pensar que un artista tiene que incomodar. No me gusta poetizar la idea de la transformación, de pensarnos como todopoderosos. No. Creo que el artista tiene que ser un artista y para hacerlo tiene que incomodar y generar preguntas en las personas que ven lo que hacemos.