Pablo Aimar: “El Vasco es un influencer en serio”

Pablo Aimar: “El Vasco es un influencer en serio”

PABLO AIMAR, EL ÍDOLO QUE MARCÓ UNA GENERACIÓN DE JÓVENES

Por Agustín Di Benedetto

A.D: Pablo, bienvenido, es un gusto para la gente de Saladillo y la zona tener tus testimonios, y con un plus, no sos un personaje de dar entrevistas. Bienvenido, y agradecido al Vasco Olarticoechea por habernos dado la posibilidad de charlar. La verdad para mí es un honor porque sos uno de mis ídolos y te tengo un gran aprecio.

P.A: Hola Agus, muchísimas gracias a vos por esta entrevista, y ya que lo nombras, que grande el Vasco, en esta época que están de moda los “influencers” , ese que tienen ustedes ahí en Saladillo era un Influencer en serio. Esa generación marcó un antes y un después para todos los que nos gusta el fútbol. Y es verdad, no soy de dar notas, porque hoy en día vos declaras algo con buena fé y por ahí te cambian eso o lo sacan de contexto, y la verdad, prefiero que digan “Aimar no da notas” a que digan algo que no dije. Pero un gusto charlar con vos y para la gente de Saladillo y la zona. Y gracias por el lindo concepto que tenes de mi persona.

A.D: Contanos como arranca tu historia con el fútbol para lo que luego fue River, Valencia, Zaragoza, Selección, Mundiales y demás.

P.A: Arranca como todos los de nuestras generaciones en nuestro país. A los dos años te regalan una pelota de fútbol, y así arranca la cosa. Después algunos siguen y otros no, pero estamos en un país que uno de los primeros regalos es la pelota de fútbol. Además una vez que vas a un club, como en mi caso Estudiantes de Río Cuarto, ya te haces tus amigos en ese ámbito. A ver, cuando uno es chico, y te gusta el fútbol, no queres ser Superman o Batman, queres ser uno de los del 86, aspiras a eso. Recuerdo muchísimo los mundiales del 86 y del 90.

A.D: Te tocó ser parte de la histórica selección sub 20  que salió campeón del mundo en Malasia 97 con Pekerman. Vos, Riquelme, Cambiasso, Romeo, eran un equipazo. ¿Miras para atrás y consideras que marcaron un antes y un después con aquel logro?

P.A: No sé si para tanto, pero si fue una gran camada que aun hoy nos reconocen. Y no solo marco para los demás, aquel grupo nos marcó a nosotros como personas. Hoy seguimos siendo amigos con casi todos ellos. Vos calcula, que con la edad que la mayoría se iba de viaje de egresados a Bariloche, nuestro Bariloche era ese, jugar un Mundial y que nos vaya bien, al extremo de ser campeones. Así que es un recuerdo hermoso aquel grupo de Malasia.

A.D: ¿Cómo se da la chance de irte de Río Cuarto a probar suerte nada más y nada menos que a River?

P.A: Tenía 14 años cuando me voy a probar a River. Estuve dos días, anduve muy bien, y ya querían que me quedara, pero la verdad no me animé, así que me volví a mi ciudad, y estuve un año. Después ya cuando tenía 15, me volvieron a llamar de River y ahí si ya definitivamente me instalé en Buenos Aires. Yo en Rio Cuarto soy una especie de “hijo de”, mi viejo fue un gran jugador allá bastante reconocido. Pero era un sueño, imagínate de un momento a otro estar entrenando en el Monumental, que para mí es la cancha más linda del país, de paso hago público por si alguno le quedaba alguna duda, soy de River.

 A.D: ¿Es complicado no marearse o tener los pies sobre la tierra cuando de repente te encontrás jugando en River? ¿Cuándo te hizo el click?

P.A: No es que hay un momento creo yo. Si me di cuenta que mi primer partido oficial, que fue contra Colón de Santa fe, no estaba todavía para jugar en primera. Me faltaba, y me daba cuenta de eso. Así que jugué algunos partidos más, pero después me tocó volver a reserva, donde jugué cerca de dos años, y eso me re sirvió. Hay que pasar por todos los procesos. En el año 98, me afiancé en primera y ya me sentía cómodo y parte importante en un equipo lleno de figuras.

A.D: ¿Tenes alguna espina? ¿Algo que te da vueltas en la cabeza?

P.A: Mil, millones de espinas tengo, una mochila llena. Me tocó pasar por un dolor muy grande el mundial que quedamos afuera en primera ronda con Bielsa, me tocó perder la final de la champions con el Valencia, el Mundial de Alemania, hay muchas espinas. Pero uno no puede estar siempre mirando lo malo, hay que amigarse con todos los momentos.

A.D: ¿Y si tenes que elegir un momento o más de felicidad absoluta?

P.A: Muchos también, muy lindos recuerdos. Me tocó jugar en la selección, me tocó integrar equipos históricos de River. Pero creo que el momento más feliz de mi vida futbolística fue cuando nos volvimos a juntar con Ortega y Saviola. Nos divertíamos, nos potenciábamos juntos. Fue hermoso volver a encontrarnos en River. Jugar con ellos daba más opciones de jugar bien, una hermosa etapa.

A.D: ¿Qué jugadores veías de chico? ¿Como quién querías ser?

P.A: Un montón. Había grandes figuras en River. Francescoli, Ortega, Crespo. Gaby Cedres, me gustaba mucho ver jugar al uruguayo. La verdad que no miraba solo uno, miraba muchos.

A.D: ¿Cuándo se dió tu regreso? ¿Cerraste un círculo cuando tus hijos te vieron jugar en el Monumental? Aunque fueron dos partidos.

P.A: El hecho de volver era con la idea de estar mucho mejor y dar más. Por ahí me apuré en volver y no pudieron ser más que dos o tres partidos. Pero fue hermoso esa sensación de jugar en el Monumental de vuelta. Y también después cuando jugué aquel partido con Estudiantes de Río Cuarto, fue un momento divino, porque mucho de lo que soy se lo debo a esos dos clubes, Estudiantes y River. Es verdad eso que decís, de cerrar un círculo.

A.D: Públicamente, Messi siempre dice lo mismo, que su ídolo es Aimar. ¿Qué te genera que diga eso?

P.A: A ver, eso. Es su opinión y lógicamente que me genera un gran orgullo y una enorme satisfacción. Pero no mucho más que eso. Es su opinión y sin dudas que es muy lindo que Lionel haga público eso. El vio épocas muy lindas mías y le quedó ese recuerdo.

A.D: ¿Qué es lo que más te atrae de formar pibes? ¿Por qué estás como técnico de la sub 17?

P.A: Es lindo acompañarlos en su crecimiento. No solo en fútbol, sino también es su crecimiento como personas. Tratar de formar jugadores para las próximas camadas. Hay que contenerlos, hablarlos y guiarlos, no mucho más que eso. Es una edad que justo empieza a mezclarse la competencia, el ganar o ganar, las presiones, y creo que nuestra misión es tratar que nunca dejen de divertirse y pasarla bien, porque esto es un juego. Que el entrenamiento sea ir a jugar, no ir a un trabajo. Creo que en todo ámbito que se entrena con chicos, debería ser todo más lúdico y no tan profesional.

A.D: La verdad Pablo, que ha sido un verdadero placer, agradezco enormemente tu generosidad y esta hermosa nota que nos has dado.

P.A: Gracias a vos Agustín, fue un gusto. 

Y aprovecho la ocasión para mandarle un abrazo grande a toda la gente de Saladillo y a los que vean la nota. Fuerte abrazo.

AGUSTIN DI BENEDETTO