No DA IGUAL:

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¿Por qué necesitamos leer a Agota Kristof?

Por @repartir_poesia

En marzo de este 2021 convulsionado e intenso se publicó en nuestro la primera edición de Da igual, bajo el sello de Alpha Decay y con la traducción de Rubén Martín Guiráldez. En su idioma original se publicó en 2005, y fue uno de los últimos libros que escribió la autora. 

Da igual, cuyo subtítulo reza Los veinticinco cuentos despiadados de Agota Kristof, es un libro de relatos parco, cruel y conciso. No hay esperanza en ellos, entramos llenos de incertidumbre y salimos de igual manera. La pobreza, la soledad y el desamparo rodean a los diversos personajes que desfilan en estas páginas sombrías. 

No es casualidad que el primer cuento se titule “El hacha”, ya que cae como tal y parte al medio todas las expectativas que podamos tener sobre este libro. Nada nos prepara para su lectura. Abre el camino el relato de una esposa que llama a un médico, ya que al despertar encontró muerto a su esposo. Como la mayoría de las historias de Kristof sucede puertas adentro, en la intimidad del hogar, es por esa razón que las casas cobran particular relevancia, y son mucho más que el escenario en donde se desarrollan los argumentos. Las calles del pueblo también tienen su participación y están dotadas de una atmósfera rural con caminos grises que invocan la tristeza de lo que podría haber sido. 

En “La muerte de un obrero” la crítica es mordaz, aparece directa y llana, allí deslizan frases como Tu fábrica no fabricaba relojes solamente, también fabricaba cadáveres, que sin duda se resignifica al enterarnos de que la misma Agota trabajó durante muchos años en una fábrica de relojes. Así como los obreros y empleados que son personajes frecuentes, también aparecen con cierta insistencia los niños. La mirada sobre la infancia va acompañada de cierta fatalidad no hay esperanza, ni siquiera en esta etapa de la vida. 

Hago un alto acá para hacer una aclaración, no estamos ante un libro pesimista que nos agobia con su impiedad, estamos más bien ante historias que nos dejan perplejos por su crudeza y verosimilitud. Su lectura es necesaria porque nos recuerda que la vida  es algo que se está acabando, que la crueldad existe, que solo nos queda el presente. Nos obliga a la reflexión, al cuestionamiento, a repensar qué hacemos con cada día que tenemos. 

Sin duda uno de los cuentos destacables es “Los números equivocados” donde la casualidad o el destino (o ambos, tal vez) convergen para reunir a dos personajes a través de las líneas telefónicas. El diálogo por teléfono con un desconocido a las diez de la noche es una señal, una señal vaga e imprecisa, diminuta, pero una señal al fin de que la soledad no es completa, de que alguien del otro lado, aunque sea por error, está dispuesto a conversar un rato. 

Estos relatos son muy breves, la mayoría ocupa entre una y tres páginas, creo que es una buena característica porque podemos hacer una lectura que nos permita hacer pausas, ir y volver. Conocer poco a poco una poética y un estilo muy peculiares. Da igual es una buena  puerta para entrar a la narrativa de esta autora que no pasa desapercibida ni nos deja indiferentes. 

¿Qué sabemos de la persona detrás de la tinta?

 Agota Kristof nació en Hungría en 1935 y vivió allí hasta 1956, cuando dejó su tierra natal para ir a Neuchâtel, Suiza, donde residió hasta su muerte en 2011. Este desarraigo forzado – un cambio que ella hubiera preferido no hacer – la destina a una nueva lengua: el francés, idioma que comienza a estudiar a los 26 años y en el que escribió la totalidad de su obra publicada.  

Luego de cruzar a pie la frontera con su hija de cuatro meses y su esposo (profesor de Historia que había participado en la revolución contra el régimen prosoviético) comienza a trabajar en una fábrica de relojes, en un puesto repetitivo, monótono y silencioso. Ella aprovechaba su jornada laboral para armar, pensar y memorizar versos que escribía una vez que llegaba a casa y terminaba con los quehaceres domésticos. Así es como la primera etapa de su escritura que comenzó en la adolescencia y continúa en los primeros años de adultez está delimitada por la poesía. 

Sin embargo esto cambió luego de que se divorció y comenzó a estudiar francés en una universidad de verano. Al principio escribió varias obras teatrales que se representaron y lograron cierta difusión pero su reconocimiento internacional llegó en 1986 cuando publicó su primera novela El gran cuaderno, que de inmediato cautivó al público y se tradujo a más de treinta idiomas. En 1988 y 1991 publicó las secuelas La prueba y La tercera Mentira respectivamente. Estos tres títulos que abordan la cruel historia de dos hermanos gemelos abandonados por su madre se publicaron en español en 2007 en un solo tomo bajo el título Claus y Lucas. 

Otros libros de narrativa que tuvieron gran repercusión son la novela Ayer publicada en 1995 (que cuenta con una adaptación al cine) y La analfabeta: relato autobiográfico en 2004. Allí leemos que la lectura para ella era una enfermedad incurable y la escritura un refugio que la ayudaba a soportar el dolor. En tiempos convulsionados e intensos no podemos hacer más que aprender de estas historias.   

Rocío S.