Menstruación: un fenómeno que enfrenta mitos, produce desigualdad y espera por la respuesta del Estado

Menstruación: un fenómeno que enfrenta mitos, produce desigualdad y espera por la respuesta del Estado

Derribar mitos, tabúes y estigmas sobre la experiencia menstrual ayudará a construir una sociedad más justa e igualitaria. Garantizar el acceso a los productos de higiene menstrual, disminuir la brecha salarial entre hombres y mujeres, evitar el ausentismo en escuelas y trabajos, brindar educación sexual integral y traducir la gestión menstrual en políticas públicas son algunas de las principales deudas que el Estado aún tiene pendientes con las mujeres y personas menstruantes de la Argentina.  

Por Milagros Delrieu y Candela Burundarena

Día internacional por la salud de las mujeres – 28 de mayo

La pobreza menstrual es un problema global que afecta a mujeres, niñas y varones trans que no tienen acceso a productos de higiene seguros, infraestructura sanitaria óptima y educación que les permita gestionar su menstruación con dignidad, sin la incidencia de estigmas y mitos que atentan contra su autonomía y muchas veces, su salud.

Durante años, menstruar fue motivo de vergüenza para miles de cuerpos en el mundo. Los miedos y ansiedades en torno a la menstruación fueron inculcados en las mujeres desde edades tempranas y abarcan la idea de no poder realizar actividades durante el período, como, por ejemplo, cocinar, bañarse o hacer ejercicio. Asimismo, se ha construido alrededor de la menstruación el concepto de impureza, suciedad, pecado; o se la ha vinculado exclusivamente con la fertilidad y el “deber” de las mujeres de ser madres. De ahí la ausencia de leyes de alcance nacional, provincial o local que tomen a este fenómeno como un derecho y una cuestión de salud pública. 

Tal como explica Alejandra Lordén, diputada provincial por la séptima sección electoral y presidenta de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires; médica especialista en Ginecología y Obstetricia, “la gestión menstrual incluye a todo el proceso fisiológico de una mujer, desde la menarca hasta la menopausia, o sea que abarca un porcentaje importante de la vida de la mujer, donde la misma conlleva una relevante erogación en insumos, además de lo que implica pasar todos los meses por un proceso de sangrado, a veces abundante y doloroso, que a menudo impacta en la vida social y laboral. Esto recién comienza a visibilizarse hace algunos años y desde allí se empiezan a solicitar políticas públicas que contemplen esos insumos por parte del Estado”.

Es así que hasta el momento se presentaron 16 proyectos de ley de alcance nacional, provincial y local que buscan traducir la gestión menstrual en políticas públicas, aunque el más avanzado recién tuvo eco en la Cámara de Diputados de la provincia de Santa Fe el pasado 13 de agosto, obteniendo media sanción. En la actualidad, las localidades que cuentan con ordenanzas municipales para la provisión gratuita de estos productos son Morón, Santa Fe, San Rafael, y más recientemente Villa Gobernador Gálvez y Saladillo.

En esa dirección, la abogada y diputada provincial por el Frente Progresista Cívico y Social de Santa Fe, Lionela Cattalini, asegura que“hoy poco a poco vamos logrando que se entienda que la menstruación es un hecho eminentemente político; un hecho que afecta a la vida de la mayoría de la población, porque las mujeres y personas menstruantes somos más del 50% de la población mundial, y que en ese sentido requiere de una planificación y de políticas públicas activas de parte del Estado. Por eso presentamos este proyecto y logramos el consenso para que fuera aprobado por unanimidad en la Cámara de Diputados. Hoy en día está en el Senado de la provincia de Santa Fe esperando su tratamiento, así que deseamos que los Senadores puedan rápidamente convertirlo en ley”.

Media sanción para el Proyecto de Gestión de Higiene Menstrual (Santa Fe)

De esta manera, para quienes velan por los derechos de las personas menstruantes, la provisión gratuita opera como el desenlace que mejor se ajusta al marco actual dada la situación de crisis económica que atraviesa el país y que se agudiza en tiempos de pandemia. Se trata de productos que son de primera necesidad para las personas menstruantes y que poseen altas tasas de impuestos, por lo que “ el hecho de que tengamos que pagar productos tan caros todos y todas es un tema, pero sobre todas las cosas es un tema para quienes están en lo más inferior de la sociedad en términos económicos. Y eso es hoy en día más notorio que nunca: 1 de cada 2 jóvenes en Argentina es pobre, 4 de cada 10 argentinos está bajo la línea de pobreza. Entonces $10 mil de IFE no alcanzan para vivir y menos que menos para, aparte de vivir, comprar los productos de gestión menstrual. Por eso, no es algo que podamos seguir postergando el hecho de que muchísimas personas no puedan acceder a estos productos”, señala Lucía Espiñeira, coordinadora del área de voluntarios de la agrupación Economía Femini(s)ta e impulsora de la campaña MenstruAcción.

Campaña MenstruAcción – Economía Femini(s)ta

De acuerdo con Espiñeira, Cattalini sostiene que “muchas mujeres durante este periodo del mes dejan de ir a trabajar, dejan de socializar; primero porque no saben cómo gestionarlo, porque tienen miedo a mancharse y después por lo caro de los productos. Y muchas niñas dejan de ir a la escuela en ese momento y también dejan de hacer su vida social. Esto no puede seguir pasando. Es un factor de desigualdad entre varones y mujeres ya que solo las mujeres tenemos este gasto muy superior a los hombres y por eso el Estado tiene que intervenir activamente, entregando estos productos, pero también educando, y educando también en la sustentabilidad para que todas de a poco empecemos a entender lo importante de usar productos reutilizables”. 

Del mismo modo que la desigualdad en el país es una realidad que no se ha logrado mitigar a lo largo del tiempo –y que con la pandemia queda más expuesta aún-, la menstruación tampoco ha sido un tópico donde el Estado ha desempeñado su tarea debido a las características de la salud pública en Buenos Aires. Tal como indica Lordén, “la salud pública en la Provincia es deficiente desde hace muchos años en materia de  infraestructura hospitalaria, tecnología y recursos humanos. Además, en la coexistencia de subsistemas -nacionales, provinciales, municipales y los centros de atención primaria – creo que radica la falta de orden de prioridades y esto hace que muchos temas queden desplazados”. 

Pero, ¿qué sucede en el mientras tanto? Las personas menstruantes no pueden decirle a su cuerpo cuándo menstruar y cuándo no. Ocurre todos los meses y ni el coronavirus frena el sangrado menstrual de las personas con útero, por lo que esperar de brazos cruzados el visto bueno de los proyectos presentados no es una opción. Por eso, distintas fuerzas pujantes desde diversos puntos del país trabajan arduamente para mitigar esta situación. Además de la organización recientemente mencionada, Economía Femini(s)ta, que desde mayo de 2015 busca visibilizar la desigualdad de género a través de la difusión de datos, estadísticas, contenidos académicos y producción original orientadas a todo público, y que ha presentado más de 11 proyectos de ley a nivel nacional, provincial y municipal, hay otras agrupaciones que trabajan y a su vez, ejercen presión desde las calles, desde lo popular y lo masivo.

Es el caso de Hysteria, Mumalá y Barrios de Pie. Con respecto al primero, se trata de una iniciativa que, a partir de donaciones, reúne productos de higiene menstrual, arma con ellos kits y los acerca a las personas menstruantes que se encuentran en situación de calle en las cercanías del barrio de Villa Urquiza.“Generalmente, cuando se realizan donaciones, siempre lo primero en lo que se piensa es en los alimentos no perecederos, la vestimenta y a veces pañales, dejándose de lado los productos de gestión menstrual, lo cual constituye un problema considerando que son fundamentales para satisfacer la necesidad básica de menstruar, y que también comprende a la salud. A partir del momento en que notamos la falta de interés e información sobre los cuidados higiénicos de las personas menstruantes en situación de calle es que decidimos crear Hysteria”, relata Mayra Zapata, su fundadora.

Campaña MenstruAcción – Economía Femini(s)ta

Asimismo, desde Mujeres de la Matria Latinoamericana (Mumalá) y Barrios de Pie también se busca, en palabras de Macarena Vera Mora, psicóloga y militante en ambas organizaciones, “garantizar las cosas que el Estado no hace”.

Mumalá y Barrios de pie son organizaciones feministas, transfeministas y disidentes que funcionan en todo el país y pertenecen al partido político Libres del Sur. La manera que encuentran de garantizar aquello que el Estado deja de lado es mediante sus merenderos y las donaciones que reciben de productos de gestión menstrual. Con respecto a estos recursos, Macarena expresa que “tanto para las mujeres como para las disidencias, es algo muy importante y muy caro. Un paquete de toallitas puede llegar a salir $100, y un paquete de tampones ni te digo; son cosas que tienen un impuesto del 21% y que teniendo en cuenta los trabajos, que muchas veces son informales, changas, de las personas que viven en estos barrios, no alcanzan para poder comprar estos bienes”.

Mumalá – Campaña ante la crisis económica

Actualmente, la Dirección Nacional de Salud Sexual y Reproductivadel Ministerio de Salud de la Nación reconoce que “aún no distribuye elementos de salud menstrual; no obstante ello está planificado para el año 2021, la adquisición de copas menstruales para su distribución en Centros de Salud y Hospitales”. En este sentido, el pasado 15 de diciembre se llevó a cabo en la Casa Rosada el primer foro de Acciones para alcanzar la Justicia Menstrual, con la presencia de más de 100 funcionarias nacionales y provinciales, diputadas, senadoras, dirigentes políticas, cooperativistas y activistas de todo el país. En el encuentro, expusieron el factor de desigualdad que implica el período y plantearon iniciativas para revertir la situación que afecta la economía, la salud, la educación y el trabajo de las mujeres y personas menstruantes; indicando que, según datos del INDEC, 12.268.437 de mujeres y 3.447.284 de niñas se ven afectadas de manera directa por las desigualdades derivadas del período. 

Además, el cierre del foro estuvo a cargo de la asesora presidencial Dora Barrancos, quien sentenció: “La gestión menstrual va a ser política de Estado”, pese a que existen voces que se oponen, como la de la periodista Viviana Canosa, quien a través de un artículo de opinión publicado en Infobae afirmó que “hay prioridades muy serias que debemos considerar antes que las copas menstruales”. Pero la desigualdad no dejará de avanzar, y el tiempo de detenerla es hoy. En términos feministas, lo personal es político, y tal como señalan las referentes de cada organización, sacar lo individual del baño, llevarlo a la calle y hablarlo, constituye una vía para que se comience a entender a la menstruación como un derecho y una cuestión de salud pública, que no solo supone la necesidad de iniciar planes y proyectos para la provisión gratuita de elementos de higiene menstrual, sino también de generar políticas que brinden una  educación  oportuna y libre de sesgos sexistas y heteronormativos acerca de los cuerpos menstruantes. Así, estos no tendrían que seguir experimentando vergüenza a causa de los mitos y estigmas que existen en torno a la menstruación. Librarla de tabúes y garantizar su gestión de forma sana, segura y gratuita permitirá evitar que las mujeres y personas menstruantes vean trastocada su autoestima, la percepción que tienen  sobre  sus  cuerpos  y  sus  propias  capacidades. Hablar de menstruación es hablar de salud, igualdad y dignidad.