Masturbación femenina: cuando el conocimiento es poder

Masturbación femenina: cuando el conocimiento es poder

En la segunda columna de #AHH exploramos la historia de la masturbación femenina. Por qué fue un tabú durante tanto tiempo y por qué es importante abrirnos a hablar sobre el tema.

Por Natalia Sarramone

Al menos para las millennials y contando, la masturbación femenina siempre fue un tabú. En general no hablamos del tema, no nos informamos, no lo contamos y hasta no lo hacemos. En algún punto nos da vergüenza y nos parece que “lo correcto“ es que nos toque otro. Pero después nos quejamos si ese otro nos toca “mal“. 

Salir de la espiral del placer insuficiente parece fácil: primero masturbarnos y saber qué nos gusta, luego comunicarlo al otro en el encuentro sexual. Sin embargo, para las mujeres este proceso se dio durante muchos años a la inversa. Mientras en la pubertad los varones hablaban de pajas, se pasaban pornografía y hasta tenían sus propios rituales, a las chicas todo nos parecía ridículo, gracioso, vergonzoso, inútil. 

Hablo desde mi generación, desde mi círculo y mi cultura occidental. Y si bien puede haber excepciones y hoy estamos haciendo que las cosas cambien, esta mochila que nos estamos sacando de encima entre todas tiene data de siglos de historia. 

Nuestros órganos sexuales siempre estuvieron ahí, desde los primeros primates hasta los homo sapiens que somos hoy. Los seres humanos tenemos 250 mil años de historia en la Tierra, y el significado y las prácticas sexuales fueron cambiando de civilización en civilización. Pero nuestras tradiciones, las más recientes, vienen de la Iglesia Católica. 

El cristianismo dictamina que todo lo que no tenga que ver con el mandato de “ser fructífero y multiplicarse“ es un pecado, por lo que si te tocás tenés que sentir culpa y pedir perdón a Dios. Incluso en la época victoriana en Reino Unido, la masturbación fue señalada como la causa de un montón de enfermedades. El acto sexual más seguro se etiquetó como el más peligroso, y recién en 1972 la American Medical Association declaró que la masturbación era un acto “normal“. 

En 2021 una gran parte de la población occidental ya acepta que masturbarse no hace mal a nadie pero, sin embargo, a muchas mujeres todavía les genera culpa y vergüenza. También se habla de que las mujeres fuimos creadas para ser deseadas y para complacer a otros, y de que entonces reconocernos como seres deseantes todavía nos puede llevar un poco más de tiempo. Pero si reseteamos el chip y cambiamos culpa por placer, los beneficios pueden ser interminables. 

La masturbación y el orgasmo aumentan las endorfinas, un tipo de hormonas que genera sensación de felicidad, mejora el estado de ánimo, reduce el estrés y aumenta la autoestima. Además ayuda a la relajación y al sueño, mejora la circulación, disminuye la percepción del dolor y favorece el sistema inmunológico. Tocarnos con frecuencia también colabora a mantener sanos nuestros órganos sexuales, tanto en hombres como en mujeres, y nos permite tener relaciones más placenteras. 

Estamos en un momento bisagra e histórico en materia sexual: el pasado cercano es muy diferente al que hoy experimentamos, y el futuro todavía es difícil de imaginar. Pero la masturbación volvió para quedarse y nos empodera, porque todo conocimiento es poder y el conocimiento sobre nosotras mismas debería ser el más importante de todos. Por mucho tiempo lo tuvimos negado, prohibido y silenciado. Pero ahora es el tiempo de que nos abramos paso.