Mariela Kogan, el “cómo” y el “qué” de la narrativa oral

Mariela Kogan, el “cómo” y el “qué” de la narrativa oral

En la segunda edición del ciclo de entrevistas en la librería El Ventanal, charlamos con Mariela Kogan, narradora de historias y organizadora del festival internacional Cuentamares.

Por @tomi_pelaia

Mariela Kogan es bióloga, escritora y narradora oral. Nació en la ciudad de Buenos Aires, en enero de 1974. Hace veinte años decidió mudarse a Mar del Plata para realizar su doctorado. Desde entonces ha ido adentrándose más y más en el arte que la apasiona: la narrativa oral. Coordina talleres de cuentacuentos para docentes, bibliotecarios, niños, niñas, jóvenes y adultos mayores. Y en marzo de este año lanzó “Una Música Nueva” en el Teatro Colón, un unipersonal de narración escénica que se pudo ver en el marco de la semana aniversario de los 100 años de Astor Piazzolla.

A su vez ha publicado varios libros, tanto de divulgación como de narrativa: ¿Querés saber qué es la Ecología? y ¿Querés saber qué es la Huella Ecológica? con Eudeba. Habitantes del mar del 1 al 10, Ecología del 1 al 10 y Ecología hasta en la sopa, con Iamiqué. El corazón de Marión y Un gato, un zapato y dos ratones con Gerbera, y En un año vuelan, con Editorial del Naranjo.

La bióloga y escritora charló con nosotros sobre el camino que realizó desde su doctorado en biología hasta la creación del Cuentamares y nos contó un poco como es el arte de contar cuentos, una disciplina artística aparte que, a fuerza de talleres y festivales, viene creciendo en la ciudad.

¿Cómo es articular la biología y la escritura?

No me siento escritora. Mis primeras publicaciones tuvieron que ver con la divulgación científica. Y eso me abrió un poco el mundo de las editoriales. Fue como una carta de presentación cuando tuve unos primeros textos literarios. Pero, realmente, el oficio que me define y me apasiona en este tiempo es el de narradora oral.

Una música nueva es un unipersonal de narración escénica. ¿Cómo es eso?

La disciplina de la narración oral, en Mar del Plata en particular, no se conoce tanto todavía. Yo nací en Buenos Aires y vivo acá desde el año 2000. Allá por el 98, una amiga me llevó a un bar donde había un espectáculo de narradoras orales. Era un espectáculo para adultos; uno piensa en cuentacuentos o narradores de historias y automáticamente piensa en una propuesta para las infancias. Y no. Eran tres mujeres que contaban historias. Y fue tan potente… ¿viste cuando algo te pasa por el cuerpo? Te contaban una historia en ese contexto tan relajado. Uno está acostumbrado a ver una obra de teatro, o un bar donde pasan música, pero esa disciplina artística, de alguien que estaba narrando me gustó mucho. Yo estaba pronta a recibirme de bióloga y a venir acá a hacer mi doctorado. Empecé a hacer talleres, pero hasta ahí seguía siendo un hobby. Curiosidad. Hasta que, finalmente, por un programa de extensión de la universidad hubo un taller un poco más largo, en el que preparé mi primer cuento. Se dio en esa época que en los cumpleaños hiciéramos peña y se tocara la guitarra y se cantaran canciones. Yo pensé, “yo sé contar un cuento”. Antes de hacerlo sentí adrenalina, y me pareció una buena señal. Me tenía que plantar frente a todos y contar un cuento. Lo hice y sentí que a muchos les pasaba lo que a mí me había pasado; esa sorpresa. El cambio en el aire, entrando en la historia. Después llegó la etapa en la que me empezaron a preguntar “¿dónde aprendiste eso?” y armé un primer taller en el que compartir lo que sé. Contar cuentos.

Contar cuentos no es igual a leer en voz alta.

No. tampoco es recitar poesía. Uno, al no leer el material en el momento, hace un trabajo previo que, por un lado implica memorizar, pero que es mucho más que eso. Es acredenciar esa historia. Es entrar en la historia y contarla como si hubieras estado ahí. Al no estar leyendo, tu cuerpo está más disponible. Uno mira a quien le habla. También uno lo hace más coloquial. No todos los textos funcionan en la oralidad. Tiene que ser muy convocante. Es un viaje que iniciás con varios pasajeros; querés que todos lleguen al final. Se fue expandiendo y de repente en el taller no eran solamente amigos, sino amigos de amigos que se habían enterado.

A la par de tu trabajo como bióloga…

En ese momento era medio a la par. Me doctoré, pero sentía que el otro llamado era más fuerte. Más que la ciencia, que la rutina en lo académico. Y tuve el coraje de escuchar ese llamado.

Suena a un cambio importante.

Te lo cuento así. Pero hubo miedos. También está la cuestión económica, la familiar, de mis padres que me acompañaron. Fue todo un proceso.

Y, de alguna forma, terminaste organizando el Cuentamares y lanzando Una Música Nueva…

Tuve la suerte de haber publicado tres libros y algunos de ciencia. El espectáculo de Piazzolla, que tiene textos propios, fue un proceso muy lindo. Porque están pensados para la oralidad. No se escriben de la misma manera. Si quisieran publicarlos de forma escrita, seguramente requerirían muchas correcciones. La oralidad tiene otras sutilezas. Cuestiones más coloquiales o de ciertos modos. Me gustó mucho el proceso de escribir lo que iba a contar.

¿Cómo fue la realización del espectáculo?

Lo de Piazzolla fue muy nuevo para mí, porque yo estaba acostumbrada a narrar en espacios más informales. La cuestión escénica requiere otro cuidado, otra puesta corporal. Y a los narradores y narradoras nos gusta mucho ver a la gente. Estamos acostumbrados a ver las caras, conectar. Ni hablar cuando son niños, niñas, que son tan expresivos. Yo he narrado y hay gente que se emociona y llora. O las risas. Todo eso alimenta el ritmo de lo que vas contando. En esta experiencia, en el Teatro Colón, no ves al público. Eso fue nuevo y me costó un montón. Después, recorriendo la historia de Piazzolla, todos los personajes de los relatos empiezan a habitar en el escenario. Los nombrás y los ves en esa oscuridad. Eso fue lindo. En el contexto de pandemia, con un aforo más reducido y con barbijos, ni siquiera la devolución auditiva era mucha. No los veo, no los escucho. A diferencia del teatro, la narración es todo feedback. Eso me costó, fue un desafío lindo. Por otro lado, también entendí que la puesta genera algo lindo. Es un narrador que por momentos dejas de ver. Ves la historia. Es, en ese sentido, un arte con poca producción. No necesitas escenografía. Con poco podes viajar a muchos escenarios y muchos tiempos distintos.

¿Cuál es el proceso para contar el cuento?

Me gusta la lectura previa. La preparación. Antes me gusta buscar alguna cosa. Porque vos tenés el “qué” vas a contar, pero el “cómo” es único. Cada vez. El mismo libro te lo doy a vos, a él. Hacemos una lectura en voz alta y cada uno lo va a leer diferente. Me gusta cruzar la mirada con el público durante la lectura.

Sobre el Cuentamares que se dio a principio del mes pasado…

Cuentamares es un festival internacional de narradores orales que nació con esa pulsión de que Mar del Plata conozca más de esta disciplina. Acá no ha proliferado como en otros lugares del país. Viendo los eventos que se hacían en capital me pregunté “¿por qué no puede haber un evento así en Mar del Plata?”. Y empecé a organizar. Que es otro tema que tiene sus bemoles. Es un evento de pocos días, pero son meses y meses previos en los que uno está organizando. Es un evento al que vienen narradores de Buenos Aires, de distintos lugares del país. De otros países. Es una oportunidad para ver, que en Mar del Plata no tenemos tanto. Hay funciones familiares y hay para adultos también. Y talleres. Generalmente son en formato varieté; pasa uno, lee un cuento, pasa otro… y cada uno es diferente. En estilo, en el repertorio. En general los narradores orales latinoamericanos cuentan mucho repertorio de la tradición oral de sus regiones.

¿Hace cuántos años esto?

Esta fue la quinta edición. El primero fue hace siete años ya. Tuvimos la interrupción de la pandemia el año pasado. Estuvo la opción de realizarlo de forma virtual, pero no optamos por esa opción. La virtualidad para esto… no sé. ¡Ojo! Ha habido muchos eventos virtuales y es muy valioso que frente a la situación tan inesperada que vivió la humanidad se pudiera hacer todo lo que se ha hecho. Fue un gran riesgo organizar este año; no sabíamos si empezábamos a salir o caía la cepa Delta. Ponerte en compromiso con los colegas, fue un tema. Pero se hizo. Se hizo más acotado pero se hizo.

Para saber más sobre el Festival Internacional de Narradores de Historias Cuentamares, podés leer aquí.