Love, Death & Robots: Fincher y las bondades del cuento corto

Love, Death & Robots: Fincher y las bondades del cuento corto

Revista Uf! te recomienda lo último del director de Mindhunter, que nos trae una antología de cortos animados para adultos. Complejidades filosóficas, mundos escondidos en la heladera, distopías, violencia, tecnocracia, gatitos, robots, ejércitos soviéticos, aspiradoras asesinas y mucho, mucho más.

Por @tomi_pelaia

David Fincher debutó en la silla de director con Alien 3 y de ahí en más no ha parado de darnos material para hablar (Seven, Zodiac, The Social Network, The Curious Case of Benjamin Button) y para no hablar (Fight Club). A su vez, nos trajo Gone Girl (Perdida) y La Chica del Dragón Tatuado. En 2020 dirigió a Gary Oldman en Mank, un drama en blanco y negro sobre el guionista Herman J. Mankiewicz y la creación del guión de El Ciudadano Kane. Ha dirigido videos musicales de Aerosmith, Madonna, Michael Jackson y los Rolling Stones y su trabajo en la pantalla chica nos ha dejado House of Cards (un drama político que se puede ver por Netflix), Mindhunter (un aclamado thriller policial psicológico del que seguimos esperando una tercera temporada) y Love, Death & Robots, la serie que nos une hoy acá.

Love, Death & Robots es una antología de cortos de animación para adultos estrenada en 2019 que cuenta con dos temporadas (una de dieciocho episodios y otra de ocho) y está disponible en la plataforma Netflix. Se trata de un ciclo de unitarios (los episodios no están unidos por un único hilo narrativo) que reúne gran variedad de tramas, temas y estilos de animación en episodios que, en promedio, no superan los trece o catorce minutos de duración.

Entramos en la historia y sin saber qué esperar: nos desayunamos la trama y el diseño sobre la marcha. No hay forma de prever qué es lo que la serie tiene preparado para nosotros. El formato breve no hace más que profundizar las dotes narrativas de Fincher, que se da el lujo de construirnos mundos de alta riqueza y complejidad en tan sólo quince minutos. La duración es la de un dibujo animado de esos que mirábamos de chicos, mientras que el abordaje es adulto; sexo, violencia, licencias narrativas, ritmos acelerados y temas serios de gran actualidad.

La configuración recuerda al cuento corto: una historia climática y autoconclusiva que pone todo su ahínco en la búsqueda de un efecto (uno distinto para cada episodio, siempre logrado): una primera historia (la concreta, de los personajes) que está ilustrada en lo que vemos en el capítulo, y una segunda historia (subterránea, sugerida) que nos hace ver algunos fotogramas de un mundo que es peligrosamente parecido al nuestro; es ahí donde reside el efecto: Love, Death & Robots es una antología profundamente afectada por el vértigo sobre el futuro.

No es casualidad que a veces nos recuerde a la serie Black Mirror, que sitúa su narrativa en las veras de un porvenir cercano en el que la tecnología va interviniendo más y más en las distintas facetas de la vida humana. He aquí el vértigo compartido con Love, Death & Robots: el camino que hemos elegido vaticina un futuro complejo. Si bien Black Mirror es generalmente más cercano en el tiempo, y Love, Death & Robots suele volcarse por la distopía, ambas series abordan temáticas que podemos ver reflejadas en estado embrionario en la actualidad.

El formato unitario permite explorar variadísimos tipos de historias con variadísimos estilos de animación; desde el vintage casi monocromático hasta la caricaturización y deformación de los rasgos o el hiperrealismo. “La guerra secreta” (último episodio de la primer temporada) y “Servicio al cliente automatizado” (primer episodio de la última) parecieran pertenecer a series distintas.

La serie aborda no solamente el género de la ciencia ficción, sino también la fantasía (en episodios como el de “Vendrá por tu alma”, en el que seguimos a un grupo de arqueólogos que intenta escapar de Drácula). A su vez, el enfoque filosófico de la serie permite tocar temas como la construcción que nos hacemos de la realidad (“Más allá de la grieta”) o la relatividad y futilidad del progreso humano en el episodio “La era de hielo”, en el que una pareja observa cómo una civilización se desarrolla desde la caza de mamuts hasta el viaje interdimensional dentro del congelador de la heladera (Sí. Eso pasa en un episodio. Y como si fuera poco, está protagonizado por Ramona Flowers y Eric Foreman).

La frutilla del postre es el humor. Ante la complejidad de algunos de los argumentos que plantea la serie (gestación, creación, dependencia tecnológica, irresponsabilidad ambiental, religión, uso de drogas, desarrollo y evolución, etc.), o la crudeza de la realización visual (cargada de sexo, violencia e intensidad estética), la serie se despacha con momentos de humor que estilizan y alivianan la narrativa. En un contexto tan desolado como los que se plantean en algunos de los episodios, el uso de los momentos cómicos es crucial para agilizar y refrescar el aire. Por suerte, el humor está a la altura de la serie, y los capítulos lo suficientemente bien escritos como para que no podamos distinguir si reímos de gracia, de incomodidad o de nervios.

Love, Death & Robots es un viaje completo y, como si fuera poco, cada quince minutos a un destino distinto. Como pasa con un buen cuento, nos da la chance de entrar en mundos y sensaciones complejas y sólo nos pide un cuarto de hora a cambio. ¡Ojo! Si el cuento es bueno, nadie se lee sólo uno.

Se confirmó la producción de una tercera temporada, pero para su estreno habrá que esperar hasta mediados del 2022.