Ley de etiquetado frontal: el derecho a saber qué comemos

Ley de etiquetado frontal: el derecho a saber qué comemos

Con el objetivo de prevenir la malnutrición en la población, Argentina se prepara para alcanzar una nueva ley que busca brindar más información a los consumidores, establecer regulaciones en las publicidades y promover la alimentación saludable en las escuelas. De qué se trata el proyecto.

Por Milagros Delrieu

El consumo excesivo de azúcares, grasas y sodio es un problema de salud pública que se asocia a las enfermedades que más afectan a la población: el sobrepeso y la obesidad, la diabetes e insulinorresistencia, la hipertensión arterial y las enfermedades cardiovasculares, cerebrales y renales.

En cuanto a sobrepeso y obesidad, Argentina tiene una de las cifras más altas de la región y está en aumento:

​​​​​• Afecta a 4 de cada 10 niños, niñas y adolescentes.

• Afecta a 7 de cada 10 personas adultas.

A lo largo de la historia, nuestro país ha tenido importantes avances regulatorios pendientes a la eliminación de las grasas trans que han significado un modelo para la región, pero ahora se encuentra con el desafío de aplicar leyes y regulaciones que informen adecuadamente sobre productos que contienen cantidades excesivas de los denominados “nutrientes críticos” que afectan a la salud, tales como los azúcares agregados, las grasas saturadas y el sodio. 

Fue así que la campaña nacional “Que no te tapen los ojos”, una iniciativa impulsada por FIC Argentina, FAGRAN, Consumidores Argentinos, Fundeps y Sanar, para exigir a los y las diputados/as que aprueben el proyecto de ley “Promoción de la Alimentación Saludable” sin cambios ni más demoras, dió resultado y este martes la propuesta -que había sido aprobada en octubre del 2020 por la Cámara de Senadores- obtuvo dictamen favorable, acercándose a la posibilidad de que en los primeros días de agosto sus 24 artículos se conviertan finalmente en una norma.

El etiquetado frontal de advertencias es una herramienta que proporciona información directa al emplear sellos con textos en la etiqueta frontal del envase, indicando a los consumidores cuándo un producto contiene cantidades altas o excesivas de nutrientes críticos. 

Tal como explica en diálogo con Uf! la Licenciada en Nutrición, Carla Danti, “en los últimos años la forma de comer fue cambiando. La comida casera preparada con alimentos frescos sin procesar o poco procesados fue dejando lugar a los productos procesados y ultraprocesados que contienen exceso de los nutrientes críticos. Esto sucede de forma oculta para la mayoría de las personas y, por lo tanto, no les permite evaluar el impacto que tiene en su salud”. 

Por tal motivo, agrega, “el etiquetado frontal es una manera sencilla, práctica y efectiva para informar a la población sobre los productos que pueden dañar su salud y ayuda a guiar las decisiones de compra y a tomar una decisión fundamentada sobre qué consumir”

¿Cuáles son las principales propuestas del proyecto?

El proyecto de Ley sobre Etiquetado Frontal de Alimentos tiene como principal objetivo prevenir “la malnutrición en la población”. De esta forma, dentro de sus puntos cruciales se destacan: 

  • La implementación de sellos en los envases de alimentos y bebidas analcohólicas, que adviertan a los consumidores sobre los excesos de componentes como azúcares, sodio, grasas saturadas, grasas totales y calorías, a partir de información clara, oportuna y veraz a través de leyendas como “Exceso en azúcares”, “Exceso en sodio”, “Exceso en grasas saturadas”, “Exceso en grasas totales”, y/o “Exceso en calorías”.
  • En caso de contener edulcorantes, la presentación de una leyenda precautoria inmediatamente por debajo de los sellos de advertencia con la frase: “Contiene edulcorantes, no recomendable en niños/as”; al igual que en caso de contener cafeína, donde el envase debe decir: “Contiene cafeína. Evitar en niños/as”.
  • La implementación de sellos con forma de octógonos de color negro con borde y letras de color blanco en mayúsculas, siendo su tamaño nunca inferior al 5% de la superficie de la cara principal del envase.
  • La colocación de sellos frontales que no podrán estar cubiertos de forma parcial o total por ningún otro elemento. En caso de que el área de la cara principal del envase sea igual o menor a 10 centímetros cuadrados y contenga más de un sello, la autoridad de aplicación determinará la forma adecuada de colocación de los sellos.
  • Los valores máximos de azúcares, grasas saturadas, grasas totales y sodio establecidos deben cumplir los límites del Perfil de Nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud.
  • La excepción de la colocación de sello en la cara principal al azúcar común, aceites vegetales y frutos secos.

Pero eso no es todo. El proyecto además contempla medidas regulatorias para las publicidades de alimentos y bebidas analcohólicas que poseen nutrientes críticos y propone acciones para promover la alimentación saludable en las escuelas. 

De esta forma, prohíbe todo tipo de publicidad, promoción y patrocinio de los alimentos y bebidas sin alcohol envasados con al menos un sello de advertencia que esté dirigida especialmente a niños, niñas y adolescentes; así como incluir personajes infantiles, animaciones, dibujos animados, celebridades, deportistas o mascotas, elementos interactivos, la entrega o promesa de entrega de obsequios, premios, regalos, accesorios, adhesivos, juegos, descargas digitales, o cualquier otro elemento, además de la participación o promesa de participación en concursos, juegos, eventos deportivos, musicales, teatrales o culturales.

En lo que respecta a las escuelas, el proyecto señala que el Consejo Federal de Educación deberá promover la inclusión de actividades didácticas y de políticas que establezcan los contenidos mínimos de educación alimentaria nutricional en los establecimientos educativos de nivel inicial, primario y secundario del país; y que los alimentos y bebidas analcohólicas que contengan al menos un sello de advertencia no pueden ser ofrecidos, comercializados, publicitados, promocionados o patrocinados en las instituciones del Sistema Educativo Nacional.

¿Es posible que el etiquetado frontal de advertencias tenga efectos negativos en la economía?

Si bien el proyecto contó con numerosas críticas, principalmente de actores de la industria alimenticia, quienes hacen lobby para evitar que la iniciativa prospere por temor a ver afectado su millonario negocio, en los países en los que se implementa algún sistema de etiquetado frontal con advertencias sanitarias no se observó que tengan una repercusión negativa en la economía. Por el contrario, el etiquetado frontal ofrece una oportunidad para que muchas empresas desarrollen y amplíen la demanda y la oferta de alimentos recomendados como parte de una alimentación saludable.

“En el contexto de una epidemia cada vez mayor de obesidad y de enfermedades no transmisibles asociadas a la mala alimentación, el ahorro de costos sanitarios, de muertes evitadas o vidas salvadas supera ampliamente los costos relacionados con la modificación de las etiquetas de los productos”, sostiene Danti. 

En este sentido, uno de los beneficios que varios especialistas vaticinan es que, con los sellos negros, los consumidores, independientemente del nivel socioeconómico y educativo, necesitarán un menor esfuerzo cognitivo y menos tiempo para tomar decisiones de compra saludables.

Sobre este punto, hay acuerdo en que el actual sistema de tabla nutricional que se usa en la Argentina no ayuda demasiado. El relevamiento realizado el año pasado por la consultora Quiddity lo demuestra claramente: 9 de cada 10 argentinos creen que es muy o bastante importante que exista una ley de etiquetado frontal, para que la información nutricional esté a la vista y ya no sea la letra chica.

En última instancia, los resultados financieros de las empresas no se verían afectados a medida que su modelo de negocios se dirija hacia opciones más saludables.

Tal como expresó la senadora mendocina, Anabel Fernández Sagasti, una de las autoras del proyecto, “esta ley no es contra nadie. Es a favor de todos los argentinos que tenemos el derecho a saber qué comemos y qué queremos que coman nuestros hijos”