Iara Fassi: “El Teatro Colón siempre fue mi casa”

Iara Fassi: “El Teatro Colón siempre fue mi casa”

La bailarina, integrante del Ballet Estable del Teatro Colón habla sobre su trayectoria, las exigencias que conlleva dedicarse a la danza de forma profesional y las deudas del Estado con el mundo artístico.

Por Milagros Delrieu

Foto: Carlos Villamayor/Arte

Iara Fassi define al Ballet como “Mágico”. “Es tener la posibilidad de volar, de salir de mi, de conocerme y transformarme en un millón de Iaras a la vez”, expresa. 

Hija de una bailarina del Teatro Colón, define a este lugar como su hogar: “De chiquita con mi mamá y con Igor, su marido, nos mudábamos todo el tiempo y para mí lo que siempre seguía fijo era el Colón”. 

“Empecé a bailar desde muy chiquita, bailaba en casa, en todos lados. Después estudié comedia musical y comencé ballet porque hacía hockey y estaba todo el tiempo muy jorobada; entonces mi mamá me dijo: ‘Bueno te voy a mandar a danza clásica así te enderezas un poco’ ”, recuerda Iara.  

En diálogo con Uf!, la bailarina, que en 2016 se ganó un lugar en el Ballet Estable del Teatro Colón cuenta cómo fueron sus pasos en el mundo de la danza y cómo es su día a día. Además, se refiere a algunos mitos y prejuicios que giran en torno a su profesión, como la competencia y los trastornos alimenticios. 

-¿Cómo llegaste a ser parte del Ballet Estable del Colón?
– Llegué porque hice la carrera de bailarina profesional en la escuela del Colón, que son 9 años. Después, cuando yo estaba en 5to año, junto a un par de chicas nos vinieron a elegir para formar parte del refuerzo del Ballet. Hasta ahí no me tocaba siempre bailar, era como del “banco de suplentes”. Después de eso, Lidia Segni, que es una directora que tuvimos en el Ballet, a la que respeto y admiro mucho, me contrató para formar parte de la compañía. Así que estuve 8 años trabajando como contratada y luego, por medio de un Concurso Abierto Internacional pude ganar mi puesto de bailarina estable del Teatro Colón, en el 2016. 


-¿Has participado en concursos de danza? ¿Cómo fueron esas experiencias? 

-Participé de “Danzamérica” cuando era muy chica. Yo estaba muy encaprichada por presentarme en algún concurso porque todas mis compañeras se presentaban; pero como yo siempre estuve en un ambiente muy peculiar, ya que mi mamá es bailarina y también está en pareja desde hace muchos años con otro bailarín, siempre me aconsejaban como artistas y me decían que yo ya estaba en la escuela del Colón, que esos concursos quizás eran una pérdida de tiempo. Así que fui más por un capricho. La experiencia fue linda porque siempre las nuevas experiencias creo que son buenas y te hacen crecer; la verdad que mucho no me acuerdo, era chica, fue en Córdoba, la pase bien y quedó ahí. No gané ningún premio, pero fue una linda experiencia.

-A veces la danza se torna un ámbito donde hay mucha competencia, ¿se vivencia eso en el día a día?-A la altura del partido donde estoy ubicada, es parte de mi vida. Es algo muy común. Si yo te dijera que no soy competitiva, te estaría mintiendo. Y el artista que te diga que no es competitivo nos está mintiendo a todos. Los bailarines somos competitivos porque estamos en constante audición: vienen coreógrafos todo el tiempo a elegirnos, maestros, directores. Si vos no te mostrás es muy difícil que te elijan. Y yo creo que mientras la competencia sea sana está todo bien. Obvio que hay competencias malas, donde por momentos te sentís mal, pero la mayoría del tiempo -y más con los años que yo ya tengo en la compañía- puedo decir que es un grupo lindo donde uno se pone contento por los logros de sus compañeros. La competencia es parte de nuestro día a día, pero yo la vivo con respeto y sanamente. Es mi turno, me muestro, lo doy todo y punto. 

-¿Qué sentiste al bailar por primera vez en el escenario del Colón? 

-La verdad es que el Teatro Colón siempre fue mi casa. Siempre me fue tan familiar que ni recuerdo cuándo fue la primera vez que me subí al escenario. Tengo muchos recuerdos desde muy chica; en el camarín de mi mamá, durmiendo la siesta ahí, jugando, escondiéndome por los palcos, en las salas de danza, con mis compañeras, comiendo en el buffet, vestuario, todo. Y una de las primeras veces creo que fue bailando Hansel y Gretel, una obra, y la verdad, lo que se siente en el Teatro Colón, la primera vez y hasta el día de hoy que me paro en el escenario, es magia. Es un lugar que no tiene explicación y para los que trabajamos ahí es magnífico; es un honor, es felicidad plena, es iluminado, es una emoción total todas las veces que me subo. Cuando llega ese momento sentís que todo el esfuerzo que hiciste vale todo y más.

-¿De qué obras fuiste parte? ¿Cuál fue el personaje que más te gustó interpretar? 

-¡De todas las obras que te puedas imaginar! Te voy a decir las más conocidas: “Lago de los cisnes”, “Giselle”, “La Sylphide”, “Don Quijote”, “Coppelia”, “Corsario”, “La bella durmiente”, coreografías más contemporáneas; “Por vos muero” de Nacho Duato, entre otras. De los personajes que más me gustaron hacer… amo “Lago de los cisnes”, es mi ballet de ensueños. También disfruté muchísimo bailar “Por vos muero”, y la gitana de “Don Quijote”, que tuve la experiencia maravillosa de trabajar con Vasíliev siendo elegida por él. Fue un sueño trabajar con la gitana que es un rolazo, muy interpretativo, muy actoral y también muy sorpresivo, porque casi siempre lo hacen bailarinas con más trayectoria, pero él quería mujeres más jóvenes. Así que lo trabajé  y fue un proceso muy hermoso, con un tinte muy especial porque mi mamá lo bailaba  y pude ensayarlo con ella fuera del Colón. Fue muy emocionante que ella me coucheara, claramente dejándome hacer mi versión; porque eso es lo más sano de transmitir para un repositor o para un maestro ensayista: sacar lo mejor del bailarín y a la vez dejar que este haga su propia versión. 

-Nosotros vemos la obra, pero hay un detrás de escena enorme, ¿cómo es la previa a cada función? 

-Los preparativos son muchos ensayos, a veces dos meses, hasta que llega el momento de pararse en el escenario. Más allá de eso, está ir a sastrería a probarse el vestuario; ir a peluquería a ver cómo está la corona, si te tenés que poner un rodete postizo, probar en el escenario; tener todo listo. Y por otro lado, está la previa a un día de función, donde vamos a la mañana, hacemos una clase, nos dan las correcciones y nos vamos a nuestras casas al mediodía.  Yo no duermo siesta pero ese día hago todo en la cama, siento que no tengo que hacer nada que me canse, gastar la menor cantidad de energía posible. Después me voy al teatro tipo 17hs; llego, me maquillo, nos matamos de risa con mis compañeras, ponemos música, nos regalamos chocolates, caramelos, tomamos algo y nos empezamos a preparar. Comienzan a sonar las llamadas que nos hacen con un parlante, con los minutos que quedan para la función; bajo a escenario, hago algunas cosas que siento que tengo que repasar y ahí se abre el telón y comienza la función.

-En cuanto a salud, se ha hablado mucho sobre las exigencias que tienen los bailarines y que muchas veces caen en trastornos alimenticios, ¿tuviste problemas en algún momento con los hábitos saludables? 

-No, nunca tuve ningún problema de hábitos saludables o trastornos alimenticios. Es un deporte, necesitas estar bien alimentado y para mi es fundamental el acompañamiento de la familia y la visita a un profesional. A veces es muy injusto, porque hablan de los bailarines, de la bulimia, de la anorexia – que existe – pero que existe en todos lados, no solo en esta profesión. Lo nombran más acá porque la bailarina tiene que ser flaca. Pero es como si sos basquetbolista y sos bajo, nadie se queja por eso; o si sos futbolista y sos gordo nadie se queja porque no dejan jugar a los gordos. Acá pasa lo mismo, es un deporte de alto rendimiento y por una cuestión física y de salud tenemos que estar en un estado que nos permita poder ejercerlo al 100%. En mi experiencia personal, de chica me han dicho “Iara baja un poco” y mi mamá me ha llevado al nutricionista y he tenido dietas que tiene un deportista que está bailando todo el día. Por eso pienso que es fundamental el apoyo de la familia y de un profesional.

-El año pasado, producto de la pandemia, el teatro tuvo que cerrar y los ensayos tuvieron que suspenderse, ¿hiciste algo para mantener el estado físico o el ritmo de entrenamiento que venías teniendo?

El año 2020 fue muy difícil pero fue de mucho aprendizaje. Es muy loco decirlo pero yo desde los 10 años que bailo todos los días de mi vida; a lo sumo dos meses de vacaciones y una vez que tuve una lesión que paré tres meses. Fue como conocer una Iara que ni yo sabía que existía. Fue duro. Pasé por todos los estados: tristeza, positiva, enojo, estar tirada en el sillón, correr todos los muebles y bailar. Mi novio, que es un genio, me hizo una barra de ballet, me compró un piso… Empecé a hacer clases, en el Colón nos empezaron a dar clases por Zoom; después hice muchas clases tipo fitness, gimnasia y gyrotonic, y también intenté hacer clases de zumba, reggaetón, cosas que me diviertan. Además estuve en un voluntariado, que eso me hizo muy bien, y empecé a estudiar astrología y traté de decir “Bueno, el mundo está diciendo stop, no me voy a sacar por estar en training si no tengo función”

-Argentina aún no cuenta con una Ley Nacional de Danza que obligue al Estado a apoyar a la actividad y a sus trabajadores, ¿qué opinás sobre eso? 

-Claramente opino que está mal. Argentina es un país muy rico en cultura, en diversidad de artes y de artistas, pero lamentablemente este es un país que no le da importancia a la cultura. Es más conocido alguien que protagoniza un chimento que alguien que trabaja del arte e inculca el arte. Vos vas a otros países del mundo y los bailarines son prácticamente famosos, están por las calles en afiches y son famosos como quizás lo son los jugadores de fútbol. Y en este país no va a haber nunca una Ley Nacional de Danza porque claramente es un país que no le da importancia a la danza, ni a la ópera, ni a los músicos. Entonces obvio que creo que está muy mal que no haya una Ley Nacional de Danza, pero no me sorprende de este país, ya que acá estamos muy atrás en cuanto a la importancia que se le da a las artes.

-Si tuvieras que definir al Ballet con una sola palabra, ¿cuál elegirías? ¿Por qué?

Magia. Porque bailar me da la oportunidad de simplemente transformarme en distintas personas, en distintos personajes, en distintas sensaciones. En ser y no ser yo a la vez. En irme, en crear muchas Iaras: Iara cisne, Iara española, Iara mujer enamorada, Iara prostituta; y creo que es lo más mágico que tiene mi profesión. Y siempre algo de esos personajes quedará en mi: de la gitana quedará su dolor por el hombre que amo, del cisne quedará su suavidad, así de todos los ballets. La palabra es magia y la elijo por esa razón, porque me deja volar, me deja salir de mi, conocerme y a la vez conocer un millón de Iaras. Y la única explicación para eso es la magia.