Ghosting: De la responsabilidad afectiva a la desaparición total

Ghosting: De la responsabilidad afectiva a la desaparición total

La fantasmeada es moneda corriente en los vínculos de hoy. En una nueva columna de #AHH, intentamos averiguar por qué es más fácil no dar explicaciones y por qué es tan difícil cuidarnos. 

Por Natalia Sarramone 

El ghosteo es una práctica relativamente nueva en la historia de las relaciones sexoafectivas. En la época de nuestras madres y abuelas, había mucho menos tiempo y muchos menos chongueos entre la etapa de la pubertad y el esperado casamiento. No había celulares, no había internet, no había posibilidades de estar presente de forma virtual de manera constante y un día, de repente, desaparecer. 

Ghosting es un término que nos robamos del inglés, y significa cesar toda comunicación y contacto con una persona sin ninguna advertencia o justificación. Viene de fantasma, ghost, y en otras palabras se refiere a aquel momento en el que alguien que estaba sosteniendo un vínculo, desaparece sin dar explicaciones. Sucede en el universo de los chongueos, donde no existe un noviazgo pero sí un tipo de relación que casi siempre es poco clara. Y no importa si se trata de un vínculo de años o semanas, de encuentros sexuales o de charla virtual: el ghosteo nunca cae bien. 

Hace algunas semanas abrí una encuesta en las redes para saber qué querían leer los lectores en Uf!, y ghosteo y responsabilidad afectiva fueron algunos de los temas más comentados. A casi todes nos ghostearon y casi todes hemos ghosteado alguna vez. Pero, ¿por qué ghosteamos? ¿Por qué en lugar de desaparecer, no nos comunicamos de manera sincera? ¿Por qué preferimos callar y zafar de no aclarar nada? 

Hace algunos meses se hizo viral una historia de Paulina Cocina sobre el tema. Una usuaria le preguntó: “Siento que mi chongo está flasheando amor mal y no se si estoy en esa, ¿ghosteo sí o no?”. Y la respuesta de la cocinera estrella fue contundente: “¿Quién te creés que sos? Escuchá lo que estás diciendo: siento que una persona con la que estoy, me ama, ¿no le hablo nunca más y no le digo nada? ¿Se puede ser más soreta?”

La psicóloga sexóloga Cecilia Ce, por su parte, escribió en sus redes que definitivamente el ghosteo genera angustia, sensación de vacío y golpea la autoestima. “La responsabilidad afectiva no es una opción, es necesidad básica. Dejar a alguien del otro lado sin respuesta, borrarse de un vínculo, puede desestabilizar mucho a la otra persona”, explicó en uno de sus posteos y aconsejó que si alguien no está pudiendo sostener un vínculo, tiene que decirlo. 

Sin embargo, cuando en su libro “El fin del amor: querer y coger”, Tamara Tenenbaum habla del ghosteo desde el foco femenino, lo relaciona directamente con algunos de los mandatos que adquirimos en nuestra cultura. “A lo largo de la historia a las mujeres se nos ha enseñado a tratar por default a los varones con deferencia, amabilidad e incluso afecto”, explica la autora y agrega que hoy las mujeres tenemos la necesidad de sentir que realmente hay un espacio para la respuesta negativa, que tenemos derecho a decir que no sin miedo a las consecuencias. 

Según un estudio publicado por Dave Schilling que cita Tenenbaum, la mayoría de las mujeres ghostean no porque no tomen en cuenta los sentimientos de la otra persona, sino porque temen lo que el varón puede hacer ante una respuesta negativa. Y aunque la virtualidad nos ayuda a evitar momentos de insistencia o incluso violencia, decir que no continúa siendo una situación problemática: “Ghostear es aceptar que nuestros sí y nuestros no no tienen derecho a ser dichos: deben ser susurrados, contrabandeados. Es aceptar que tenemos que pedir disculpas por nuestro deseo, por querer coger y por no querer hacerlo”

Cuando converso con mis amigues sobre situaciones de ghosteo, lo primero que hacemos por inercia es imaginar el por qué de la desaparición repentina: que si ya no le gusto, que si hice algo mal, que si se aburrió, que si no quiere tener nada serio, que si volvió con la ex o si conoció a alguien más interesante y por qué ese alguien es más interesante que yo, etcétera. La lista de posibilidades puede ser infinita y así y todo, nunca dar en la opción correcta. Lo más coherente, desde el lado del ghosteado, sería entonces preguntar el por qué. Pero en el mundo de las relaciones libres y esporádicas y poco claras, ¿existe siempre un por qué? El que ghostea, ¿realmente siempre lo tiene claro? 

Antes de erradicar el ghosteo de las relaciones sexoafectivas actuales, tenemos que resolver varios problemas. Para las mujeres, tiene que existir el espacio del no, la posibilidad de que la negativa no sea un problema, sino simplemente una posibilidad. El ghosteador, por su parte, si tiene los motivos claros los tiene que comunicar sin vueltas; y si no los tiene claros, también debería poder comunicar lo que pasa con sus dudas y deseos. Y el ghosteado, si todo esto salió mal y no queda otra, pedir la explicación que necesita. 

El sí y el no siempre fueron parte de las reglas del juego. El amor y el desamor, las ganas efusivas y el descenso en picada, el triunfo y la derrota, el inicio y el final están siempre presentes como probabilidades en absolutamente todos los vínculos. Pero en este nuevo mundo bienvenido donde nos animamos a explorar nuevas formas de vincularnos, cuidarnos a nosotros mismos y cuidar al otro no debería dejar de ser el pilar fundamental: porque si solamente eso está claro, funciona todo lo demás.