Gallagher vs. Gallagher: la hermandad que male sal

Gallagher vs. Gallagher: la hermandad que male sal

Un paseo por esa maravilla de mezcla que son Oasis, los hermanos y el rock. 

Por Tomás Pelaia

No se puede ser hermano a solas, es un ida y vuelta; para ser, necesitamos un otro que nos haga. No hay gesto más humano que el de hermanarse. Es eso que hacemos cuando la amistad nos queda corta y cuando las banderas nos unen del lado correcto de la historia. Es un título compartido que excede vínculos de sangre, se come distancias y nos ha dado más rock que el que cabría imaginar a la primera.

También es cierto que no hay una sola toma sobre los hermanos. Hay para todos los gustos: Rómulo y Remo se mataron para gobernar Roma, los Wright inventaron aviones, y Luke y Leia tuvieron una fase polémica en modo Lannister. Aquellos que hayan vivido la infancia en los noventa, recordarán la rutina de Mónica y Ross Geller, a Bart alzando a Lisa para alcanzar las galletitas y la revelación que fue enterarse de que Goku tenía un cofrade pelilargo y malvado. Las historias de hermanos son tan atrapantes que se nos aparecen una y otra vez desde que nos contamos cuentos: en algún momento nebuloso del Génesis, Caín se cansó de Abel y lo mató. Años más tarde, Baldur hizo lo propio con Höðr. Y el 28 de agosto de 2009, Noel Gallagher salió por la puerta de atrás del festival de Seine y anunció que Oasis no existía más.

Oasis y el Britpop

Para tomar dimensión del rol de los Gallagher dentro de la escena musical de los noventa, es necesario entender un poco el signo del Grunge norteamericano, que copaba las listas de popularidad y había ya sido en buena medida captado por los mercados discográficos, que comenzaban a intentar replicar el fenómeno Nirvana. Es en 1994 que se da el ascenso definitivo del Britpop: la muerte de Kurt Cobain deja un vacío descomunal y las dos bandas británicas más icónicas de la década editan discos bisagra para la época. Blur, del mítico Damon Albarn, publica “Parklife” y Oasis su disco debut, “Definitely Maybe”.

Con el lanzamiento de “Supersonic”, “Cigarettes & alcohol” y “Live forever” (que luego se convertiría en uno de los himnos del Britpop), Oasis rompe con la supremacía norteamericana que ostentaba el grunge en el mundo de la música de los noventa. Luego llegaría “(What´s the story) morning glory?” y volaría todo por el aire por dos simples razones: primero, el disco es una genialidad que resume a la perfección el sentimiento urbano, desesperanzado pero vivo, del fin de milenio. Segundo, “Wonderwall”. Los Gallagher estaban tan absolutamente convencidos del éxito de la canción, que agregaron un sample del tema al inicio del disco, cuando comienza a sonar la distorsionada “Hello”.

“(What´s the story) morning glory?” vendió 28 millones de copias. Oasis en general, aproximadamente 80. Y de poco nos sirve saber esas cosas: en la era del internet, que nos bombardea constantemente, cuantificar en ventas de discos es, como mínimo, inútil. Quizás sea mejor entender la banda a través de lo que nos ha dejado: el ícono del rock y el conflicto que supo ser Liam Gallagher, la magia compositora de Noel, la batería de canciones que nos aprendimos a corear en un inglés desastroso, las historias y la mística, la batalla con Blur (que no será la guerra entre fanáticos de Soda y ricoteros, pero tuvo sus momentos), dedicarle “Cast no shadow” a Richard Ashcroft de The Verve, los pleitos legales con Coca-Cola y con medio mundo, la unidad musical que supo ser la banda durante los noventa, y una hermandad emblemática en la historia del rock.

Caín y Abel

La cuestión con los Gallagher ha sido siempre un secreto a voces; quien conoce Oasis, sabe de las peleas entre los hermanos fundadores de la banda. Los conflictos entre ambos han sido el signo previo y posterior de la relación, y no únicamente una característica de los años en los que vivió el grupo. Por más que los enfrentamientos persistieron hasta la separación, la música ofició de bálsamo y el conjunto sobrevivió a sus creadores por dieciocho temporadas. En algún punto, en esta vida de diferencias entre los Gallagher, Oasis fue un oasis.

No han sido pocas las turbulencias por las que ha pasado la banda, es verdad. Basta sólo con recordar aquel MTV Unplugged del 23 de agosto de 1996 en el que Noel tuvo que hacerse cargo de las voces de su hermano que, debido a los excesos etílicos, no había estado disponible. Cuando Liam regresó con la intención de cantar “Hello”, canción que, por problemas técnicos, tuvieron que regrabar, Noel no lo permitió.

Cinco álbumes de estudio más tarde, en las vísperas del festival de rock de Seine, a las afueras de París, Noel Gallagher dejó la banda. El 28 de agosto de 2009, a un día de cumplirse los quince años del lanzamiento de “Definitely Maybe”, se anunció la separación de Oasis por diferencias irreconciliables entre los hermanos.

Queda entre hermanos

Al rock lo recorren las hermandades. Liam y Noel Gallagher nos dieron y nos quitaron Oasis. Dave y Ray Davies formaron The Kinks en 1965, se convirtieron en una de las bandas fundacionales del rock de los años sesenta, y de paso inventaron la distorsión; Dave Davies cortó el cono de su amplificador con una hoja de afeitar para darle un sonido sucio a “You really got me” y accidentalmente popularizó una de las marcas sonoras más distintivas del rock. Entre los influidos por los Davies están los Van Halen, que no dieron muchas vueltas para hallarle un nombre a su banda y optaron por el apellido compartido. En el ejercicio pleno de la música, el guitarrista Eddie Van Halen terminó inventando el tapping. Los hermanos Gibb se convirtieron en los Begees en 1958 y los Jackson dejaron todo en familia, al menos por un tiempo, y fueron The Jackson Five hasta 1990. “Walk like an egyptian”, melodía silbable si las hay, fue solo posible porque a las hermanas Peterson se les ocurrió formar The Bangles en 1981. The Proclaimers, Kings of Leon y Arcade Fire también arrancaron en casa. Por acá en Argentina tenemos a Los Nocheros y a Airbag. ¿Quién no se puso un poco incómodo cuando se enteró que los Pimpinela eran en realidad hermanos?

Probablemente la más mítica de las hermandades del rock sea obra de Margaret Young, que tuvo ocho hijos. El séptimo, evidentemente lobizón, fue Malcolm Young, que nos regaló buena parte de la música de AC-DC y se puso al hombro la base rítmica de una de las bandas más grandes del género. El octavo, un efervescente niño vestido de colegial que aun corre por el escenario emulando los saltos de Chuck Berry, Angus Young, es quizás lo más parecido que tenemos a esa idea del guitarrista-científico loco que nos instaló en la cabeza Hendrix con su chamanismo musical. Entre los dos se cargaron una buena porción del rock, no hay dudas. Pero no perdamos de vista a George, el casi desconocido hermano mayor que les enseñó a tocar la guitarra: hermanarse también es enseñar. Hermanarse es aprender. Igualarse.

Y mientras nos acercamos lento al treinta aniversario de la fundación de la banda, nos hermanamos y esperamos; cruzamos los dedos como Cerati para que a los Gallagher se les acomoden las ideas y se junten de nuevo porque le hacen bien al rock.

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