¿Existe el amor verdadero o nos comimos el verso?

¿Existe el amor verdadero o nos comimos el verso?

Por Belén Lambert

Freud definió a la salud mental en relación a la capacidad de amar, de trabajar y de jugar. Pero entonces: ¿por qué nos enfermamos y sufrimos tanto por amor? ¿Por qué circula esa idea casi compulsiva de tener que buscar pareja, de encontrar la “media naranja”? 

Puede haber gran variedad de respuestas particulares a esta pregunta, pero lo cierto es que el amor es una construcción social que tiene mucho que ver con la época y la cultura que habitamos. Si nos ponemos a rastrear el origen del amor romántico podemos llegar hasta la Revolución Francesa, durante la cual se produjo un fuerte movimiento social y político que puso en primer plano las banderas de “libertad, igualdad y fraternidad”. Esta lucha por el cambio se extendió también a la elección de pareja, tratando de romper con las alianzas en función del status social y de la posición económica que arreglaban las familias hasta ese momento. Sin embargo, aquella concepción liberadora del amor terminó ajustándose al sistema de producción, que requería de una familia nuclear en la que el hombre salía a trabajar mientras la mujer se quedaba en la casa ocupándose de los hijos y los quehaceres domésticos. Así, se fue consolidando una división desigual de tareas y espacios de desarrollo personal, argumentada por el “amor verdadero”. 

Innumerables cuentos, películas y leyendas populares nos vienen hablando hace siglos de ese “chispazo” a primera vista en el que dos almas predestinadas al fin se encuentran, de las “mariposas en la panza”, del amor para toda la vida. Ese amor que permite superar toda adversidad y que hace que las personas cambien, el amor que perdona los celos y enojos porque son “demostraciones de interés”, que conlleva una entrega total en la que dos sujetos se convierten en uno. Estas imágenes tan conocidas, también llamadas “mitos del amor romántico“, funcionan al modo de explicaciones sobre nosotres y sobre el mundo e indican el modelo a seguir. Son creencias tan eficaces en lo consciente y en lo inconsciente, que toman el carácter de verdad inmodificable. Cuentan con una gran carga emotiva y nos protegen de todos aquellos miedos, frustraciones, desencantos y exigencias en nuestras relaciones, prometiéndonos un futuro en el que va a aparecer esa persona que “necesitamos” a nuestro lado.

El lado B de este tipo de amor romántico es que quienes no logran adaptarse, pueden sufrir mucho en el intento. Aquelles que no tienen pareja viven con la sensación de estar “incompletes”, de no poder estar soles porque está mal o porque no es lo deseable/esperable, de transitar una carrera cuya línea de llegada hacia la felicidad es solo la de encontrar a la “media naranja”. Dentro del grupo de les que están en una relación, hay algunes que se aguantan todo: celos, controles excesivos, alejarse de otros vínculos, cambio de rutinas, gustos y aspectos de la personalidad… porque hay que dar todo para sostener ese amor. Y, por el otro lado, están quienes se escapan de las relaciones porque piensan que el amor es esa pasión desenfrenada de los primeros meses, quienes no pueden sostener un vínculo ante el primer defecto o cuestión que no les agrada, quienes no pueden soportar la idea de “atarse” a una persona o de ceder en sus tiempos y costumbres para abrirse a conocer a alguien. 

Les seres humanes nacimos para vivir en comunidad, y dudo que haya algo más gratificante que compartir el camino con les que amamos. El problema de sostener un ideal hegemónico sobre el AMOR es que nos quita la posibilidad de preguntarnos qué clase de vínculos queremos construir, de buscar las formas propias de amar, de mantener relaciones sanas en las que podamos crecer y ser libres.

¿Monogamia? ¿Poliamor? ¿Pareja homosexual? ¿Heterosexual? ¿Bisexual? ¿Vínculos duraderos? ¿Encuentros cortos pero significativos? ¿Convivencia? ¿Amores a distancia? ¿La soltería como un estado pasajero o como una elección? ¿Estar soltero es igual a estar solo? ¿El compromiso tiene que ver con el título otorgado a la relación? ¿”Amigos con derechos”? ¿Casamiento?

Tal vez no se trata de encontrar respuestas verdaderas o falsas. Tal vez, todas las opciones son correctas si nos permiten amar y sentirnos amades.