Evangelion, el diván de los robots

Evangelion, el diván de los robots

Hoy 13 de octubre se celebra, acá en Argentina, el día del psicólogo y aprovechamos la fecha para revivir Evangelion, el animé al que freudianos, fieles y fanáticos temen por igual.

Por Tomás Pelaia

Neon Genesis Evangelion es un anime creado por el mangaka Hideaki Anno. Es una obra atravesada de pies a cabeza por el imaginario cristiano y por el corpus del psicoanálisis; allá los que siguen creyendo, 25 años después, que Evangelion se trata de peleas de robots. A pesar de que la serie tocó el aire de la televisión japonesa allá por octubre de 1995, nobleza obliga; cuidado, zona de spoilers adelante.

Neon Genesis Evangelion se nos presenta al principio como una serie nipona más: robots gigantes, tecnología de punta, Tokio destruido, falta de comunicación y padres abandónicos. Pero la trama esconde mucho más (probablemente más de lo que ha mostrado). Una historia plagada de complejidades psicológicas, dificultades emocionales y toneladas de Edipo. Como si fuera poco, los antagonistas (concepto que iremos resignificando a lo largo de la serie), se nos presentan en la forma de ángeles destructores. Más de uno se habrá ofendido al ver la batería de cruces invertidas y la matanza de ídolos religiosos ¿cómo le explicamos a la tía Marta que Adán tiene forma de robot y que voló media Antártida en el 2000? Pues, no lo hacemos. Hay cosas inexplicables y después está el final de Evangelion.

De hecho, la serie no tiene un solo final. Tiene dos. Uno corresponde a los episodios 25 y 26 de la serie televisiva, que se terminó de transmitir a principios de 1996 y el segundo, llamado “El Final de Evangelion”, a una película estrenada el 19 de julio de 1997. La cuestión es esta: pareciera que el final de la serie, que aborda la “instrumentalización humana” de Shinji y se desarrolla enteramente dentro de su cabeza, dejó disconformes a muchos que esperaban un desenlace más práctico y visualmente satisfactorio. Debido a la respuesta de los fans, Hideaki Anno creó un film que se centra mucho más profundamente en lo concreto del “Tercer Impacto” y el fin del mundo. Mientras el final de la serie se ocupa principalmente de la cuestión emocional del personaje principal y cierra en una nota positiva, el final de la película hace hincapié en el como del Armagedón y cierra de forma casi devastadora con un Shinji y una Asuka en plan Adán y Eva frente a un nuevo mundo. La cosa podría sonar esperanzadora, pero el panorama es desolador: Shinji intenta estrangular a Asuka pero desiste al saberse incapaz. El último dialogo de la historia pertenece a Azuka, que desprecia a Shinji por no llevar a cabo la totalidad de su empresa: “Qué asco”. Ni Shinji, ni Asuka han crecido en todo el viaje. Se quedan en silencio frente a un páramo vacío, un océano rojo y los restos crucificados de los Eva. Si hablamos de venganzas narrativas, la de Hideaki Anno para con los fans que criticaron su primer final es casi maquiavélica. 

Ahora que hemos alcanzado el final, un camino sinuoso de pseudoepifanías casi epilépticas y una montaña rusa emocional, ¿qué nos deja Neon Genesis Evangelion? Primero, la absoluta certeza de su impacto en lo que vino a ser después un mundo otaku hiper desarrollado y la llegada del primer gran anime a la argentina. Segundo, “A cruel Angel´s  Thesis ”, que si no es el mejor opening de la historia, pega en el palo. Y por último, sobre todo en este día del psicólogo, las bondades del análisis; no sea como Shinji. vaya a terapia, salve el mundo.