ESPECIAL “VASCO” OLARTICOECHEA

ESPECIAL “VASCO” OLARTICOECHEA

En un imperdible ida y vuelta, el campeón mundial que tiene Saladillo nos contó un montón de anécdotas y nos respondió muchas preguntas que el pueblo futbolero quiere saber.

Por Agustín Di Benedetto

-Así que viviste traumado con los penales… 

-A los 12 años jugando para la selección juvenil de Saladillo, contra Lobos, me tocó patear un penal, abrí mucho el pie y se me fue afuera. Me quedé tan amargado que desde ese día no quise volver a patear un penal hasta el campeonato 88/89 que te daba un punto más en los penales, pero me quedó ese trauma desde chico.

O sea que si errabas contra Italia en el 90… 

-Noooo, olvidate, hubiera vivido amargado el resto de mi vida, no hubiera vivido en paz, yo me tomo las cosas así. No estaba preparado para patear un penal esa noche.

¿Cómo te dijo Bilardo que pateabas? 

No me lo dijo, me anotó sin preguntarme. Contra Yugoslavia no pateé porque había sido reemplazado. Con Italia vi la lista ¿y qué iba a hacer? ¿Pedirle que me sacara? Si me preguntaba, no sé, capaz venía Dudamel (risas)…

Esa caminata desde el medio debe ser durísima. 

-Tremenda. Yo buscaba concentrarme para decidir dónde patear. No era un exquisito, y como Zenga era grandote, pensé que le iba a costar ir abajo. En ningún momento lo miré y cuando acomodé la pelota le pegué un vistazo al otro palo, para que pensara que iba a ir ahí. La pelota hizo patito, menos mal que se tiró para el otro lado, porque si me lo atajaba, hacía un pozo ahí mismo y me enterraba.

¿Invicto en los mundiales, puede ser? 

-SI CORRECTO, invicto en los mundiales: Argentina no perdió cuando estuve en la cancha, ponelo bien grande.

¿La final del 90 no la jugaste por amarillas, y el debut con Camerún? 

-Preguntale a Bilardo. El dijo que los más grandes no íbamos a aguantar muchos partidos seguidos. En el 86 también arranqué como suplente, mi primer partido como titular fue contra Inglaterra.

¿Cuál de los dos vascos fue más importante en Italia 90: vos o Goyco? 

-Y bueno, en realidad Goyco en el 90 atajó gracias a mí, que lesioné a Pumpido (risas). Goyco quedó en la historia por los penales, pero yo lo potencié.

¿Se puede decir que tu aporte más importante en ese Mundial fue fracturar a Pumpido? 

-No, pará, pobre Nery, que un día jodíamos con Goyco y se enojó.

Le abriste la puerta. 

-Le mostré el camino… y él lo supo aprovechar.

¿Si no fuera por vos, hoy Goyco no sería un conductor de televisión, por ejemplo?

 -Y… aunque sea me tendría que dejar un Diego, ¿no? (risas). Lo cargo, lo cargo con eso, pero se lo ganó en buena ley…

¿Pumpido te reprocha? 

-Encima Nery fue mi compañero de habitación en el 86 y en el 90. Yo me enteraba de todos los chismes gracias a él, porque le encantaba ir de habitación en habitación buscando el puterío, un chismoso tremendo Nery… Tapia también era así. Y cizañeros, de cargar mucho.

¿Qué te acordás de la jugada de la fractura? 

-Fue una pelota cruzada, pensé que la iba a parar Serrizuela pero no llegó, mi marca me ganó en el pique, Nery salió desesperado, yo intenté saltarlo, pero él salió a barrer y chocó su canilla con mi rodilla. Escuché el crac al instante, ruido de madera rota. Me quedó marcada su canillera en mi rodilla. Nery estaba a los gritos, yo me quedé en el palo haciéndome el boludo porque no quería ni mirar.

¿Qué pensaste cuando empezaron a pegar los pelotazos en los palos contra Brasil? 

-Y… complicado, ese día sí que tuvimos un tarro grande como una casa. Si nos metían un gol en el primer tiempo, no lo íbamos a poder sobrellevar, pero en el segundo recuperamos posesión y llegó el gol. Lo festejamos como una final, el estadio era todo amarillo.

¿En ese Mundial se gastaron toda la suerte a cuenta y por eso no pudimos volver a pisar una semifinal? 

-Y… puede ser. En ese Mundial jugamos bien contra Rusia y muy bien contra Italia, después hicimos lo que se podía. En los mundiales que siguieron hubo grandes equipos y faltó ese toquecito de suerte que siempre necesitás.

¿Puede ser que no volvimos a ganar un Mundial porque no cumplieron con la promesa de regresar a Tilcara? 

-En Tilcara no estuve, no sé bien qué pasó. Mis compañeros me dijeron que ellos no prometieron nada, pero a veces pasa que la gente te pregunta cuándo vas a volver y por ahí decís “algún día” y hubo gente religiosa que se lo tomó a la tremenda.

¿Sabías algo del bidón? 

-Lo del bidón me da mucha bronca por los códigos. Hubo gente que habló y eso me da por las pelotas, porque si vos tenés un problema personal con Bilardo, arreglalo con él. No me gustó lo que hicieron Basualdo, Diego y alguno más con ese tema, hay cosas en las que te tenés que hacer el boludo. Yo me hago muchas veces el boludo; a veces lo soy y a veces me hago, y prefiero quedar así.

Te pregunto por una buena: el centro a Caniggia contra Italia… 

-Y antes hice la pausa justa como un gran jugador para darle tiempo a Cani a llegar. Y contra Rusia metí el centro de zurda a Troglio para el 1-0, fue el mejor centro que tiré en mi vida.

¿En la final del 90 nos bombearon? 

-El penal fue dudoso, y, ante la duda, el árbitro te cobraba en contra, eso estaba clarísimo. Con el correr de los años, Sensini seguro no se hubiese tirado, pero era joven en ese momento.

¿Por qué renunciaste a la Selección antes del Mundial 86? 

-Fue en el 84, sentí que Bilardo no me tenía confianza. Al tiempo pasé a Boca, anduve muy bien, y se ve que andar muy bien en Boca metía un poco de presión, calculo que Don Julio alguna cosita también le habrá dicho (risas), y me convocó a una reunión para volver, pero yo no estaba seguro.

¿Cómo te convenció? 

-Fue muy gracioso, típica de Bilardo. Viene un domingo Pachamé a la cancha de Boca después de un partido y me dice: “Carlos quiere hablar de nuevo con vos”. Yo le contesté que me estaba yendo para Saladillo con la familia, Pacha se fue un momento, volvió, y me dijo: “Te espera en el peaje de la autopista”. Listo: pasé a buscar a mi familia por Wilde, me subí a la autopista y ahí en el peaje estaba Bilardo con su Ford Fairlane viejo. Me hizo señas, bajamos unas cuadras adelante, y veo que se pone a mirar en el piso, hasta que encontró un pedazo de ladrillo y empezó a dibujar una canchita en la pared y a explicarme cómo quería que jugara. Mi familia esperaba en el auto. Me citó para el martes pero no le contesté ni que sí ni que no. Mis amigos de Saladillo me dijeron que no sea salame y terminé yendo.

¿Cuándo lo viste hacer los dibujitos con el ladrillo pensaste que se había vuelto loco? 

-Nooo, no, si ya lo conocía, de Bilardo no te sorprendía nada, como tampoco te sorprendía que Diego le metiera el gol que le metió a los ingleses: ¿sabés cuántas veces le vi hacer jugadas de ese tipo a Diego en los entrenamientos?
¿No te morías de ganas de ir al Mundial? ¿Vos sabés lo que era entrenar con Bilardo? ¡Y doble turno! Con el que hables del 86 te lo va a decir. Era una cosa insoportable, te hacía doble turno martes, miércoles y jueves, yo llegaba a mi casa recontra fusilado física y mentalmente, no estábamos acostumbrados a ese tipo de entrenamientos. El arrancaba un ejercicio y se olvidaba de la hora, capaz que te pasaba un grupo y vos te quedabas afuera una hora mirando. Era tremendo. Mi señora lo veía como el diablo: los lunes que teníamos libre nos citaba para ver videos y videos. Entonces, cuando se acercaba el Mundial, me preguntaba: ¿y yo voy a aguantar tres meses con Bilardo?

Suerte que te convenció. 

-Sí, claro. Es como el profesor que odiás porque es el que más te presiona y exige. En Saladillo mis amigos me convencieron. Me iba a perder un Mundial, que no era poca cosa. Y al final fueron dos: campeón y subcampeón.

Cuando te subiste al avión para ir a México, ¿pensabas que podían ser campeones? 

-De acá nos fuimos mal, presionados por el periodismo porque a Bilardo no lo querían, nadie estaba preparado en la Argentina para sus ideas y sus métodos, pero contando con Maradona, interiormente tenías una esperanza.

¿Al 86 fuiste como cinco o lateral volante? 

-Yo venía jugando de cinco en Boca, pero me afectó mucho la altura y el smog del DF y no era titular. Entraba unos minutos por Batista, pero con Uruguay amonestaron a Garré y fui titular por primera vez como lateral volante. Lo habíamos entrenado bastante con Bilardo, es un puesto lindo, pero tenés que ser muy inteligente, son fundamentales los cierres, no quedar abierto cuando el rival ataca por el otro sector. Justamente eso me permitió salvar el gol con la nuca al final del partido. Si me dormía un segundo, Lineker nos empataba.

¿Cómo fue esa salvada? 

-Fue una jugada parecida al primer gol, yo sabía que Barnes encaraba y sacaba el centro, entonces seguí y cuando llegó la bola atiné a zambullirme, con Lineker encima, hice un movimiento apenitas con la nunca, y eso que no tengo mucho cogote, ja, ja. Fue muy difícil, porque era en contra de la jugada. Caímos los dos adentro del arco, sentí que me pegó la pelota, pero no sabía si había entrado o no. Después, jodiendo, la bauticé “la nuca de Dios”, para darme manija. Si metía el gol en contra, todavía me lo estaría reprochando, hubiera vivido amargado hasta ahora. Si me pasó con un penal errado a los 12 años, imaginate un gol en contra en un Mundial.

¿A Lineker lo volviste a ver? 

-No, pero me hubiera gustado. Lo vi en una nota que dio a la TV inglesa contando el casi empate, hablando de un argentino que se la sacó en la línea, creo que ni se acordaba mi nombre.

Esa jugada te marcó a fuego. 

-Siempre digo lo mismo: un jugador puede ser de selección o no por un detalle, en este caso de concentración. Si no hubiera estado concentrado, no llegaba a cerrar. Muchas veces uno ve jugadores buenos y se pregunta: “¿por qué no están en la Selección?” Y… algún detalle deben tener, yo creo que hay jugadores que se desconcentran y eso, los técnicos lo ven. Te olvidás de cerrar en un Mundial y marchaste.

A vos también te habrá pasado de no cerrar, ¿o no? 

-Bilardo me sacó en el entretiempo de un partido contra Rusia por no cerrar en un gol. El le ponía nombres a las jugadas y esa quedó como “la jugada Vasco”. Carlos te remarcaba lo malo para que lo vieran los muchachos nuevos cuando empezaban. “Ahora vamos a ver la jugada Vasco”, decía, y se venían las cargadas de los más viejos. Es muy importante verte en los videos, porque ahí terminás de entender qué hiciste bien y qué mal.

Contra Inglaterra en el 86 debutaste como titular, ¿te temblaron las piernas? 

-No, porque ese grupo transmitía confianza. Me puse más nervioso contra Rumania en el 90, que nos podíamos quedar afuera. Ahí estaba tenso y traté de hacer lo más sencillo posible.

¿Era especial el partido con Inglaterra por Malvinas? 

-Para nosotros era la final, la vivimos así, había que ganar como sea. Por la rivalidad histórica, por Rattín y el 66 y por Malvinas, que lo recontra potenció. Eso no indicaba que se fuera a jugar con tirantez, de hecho jugamos de los dos lados como se debe jugar, poniendo, pero sin mala leche. Sabíamos que si pasábamos a Inglaterra, éramos los campeones. De hecho, en el vestuario fue un festejo de campeón.

¿Viste la mano del primer gol de Diego?

-No, y eso que quedé al borde del área, porque arranqué la jugada por mi sector. Yo vendría a ser el Negro Enrique del primer gol, ja, ja, pero fue tan rápido que no la vi.

¿Y en el segundo qué fuiste pensando? 

-La verdad que no me sorprendió, yo fui compañero de Diego desde el 77 en los juveniles, ¿y sabés la cantidad de jugadas que le vi hacer de ese estilo? Cuando él jugaba en Argentinos le hacía hombre a hombre, era duro, pero repetía muchas jugadas de eludirse a varios.

Hay videos del 86 en los que se te ve en el micro al lado de Diego, ¿eran muy amigos? 

-En el primer asiento, era una cábala. Ahí, una vez que el primer día te sentabas en un asiento, chau, no te cambiabas más. Igual, yo iba del lado de la ventana, me senté primero, Diego fue el que me eligió a mí, eh (risas).

¿Diego se daba cuenta de lo que estaba haciendo durante la Copa? 

-Diego se preparó especialmente para ese Mundial, para que sea su Mundial, lo veíamos recontra enchufado. La cabeza te ayuda un montón, más con la calidad que tienen estos tipos.

¿Sin Diego hubieran sido campeones? 

-Y… hubiera sido complicado, viste, muy complicado, pero así como te digo eso no te olvides de que Diego jugó cuatro mundiales y ganó sólo uno. Por algo lo ganó, eh, porque detrás de él había un equipo muy sólido, muy fuerte mentalmente, que se ponía en la cabeza un objetivo e iba detrás de eso.

¿Qué pensaste en el 2-2 de Alemania en la final, que pateás la pelota para adentro del arco? 

-Pateé con bronca porque era una injusticia, ese partido lo teníamos controlado. Si hablás con todos mis compañeros, vas a ver que a nadie se le pasó por la cabeza que lo íbamos a perder. Yo también pensé lo mismo.

¿Eras el filmador oficial del 86? 

-La filmadora la compró Clausen en México y a mí se me ocurrió, después de cenar, salir a hacer reportajes. En la noche previa a la final se ve que viene Bilardo y yo digo “uy, ahí viene Bilardo”. Quedaron lindos recuerdos…

-Sobre todo a Burruchaga… 

-Me llamó para putear Burru, porque un día lo pasaron por la tele, avisamos a todos, él estaba con la familia esperando a ver ese programa y ahí se ve cuando yo le pregunto a él: “¿Cómo hiciste para aguantar dos meses sin hacer el amor?”, y Burru se mira la mano y hace con la manito así (la mueve en el aire), y resulta que estaba viendo el programa con los hijos. Un papelón, me quería matar…

Apodo de infancia. 

-Peta, por Petaca. En realidad a mi viejo le decían Peta y a mí me quedó Petita, por lo petiso. También me decían Loro en el colegio y el almacenero me puso “patas cortas”. En el fútbol, todos me dicen “Vasco”, si gritan Julio no me doy vuelta.