El Rock allá: Buenos Aires

El Rock allá: Buenos Aires

En esta nueva sección visitamos el rock a domicilio y salimos de paseo por la Ciudad de la Furia.

El conurbano y Capital Federal, dos mundos adyacentes y en constante fricción, son uno de los epicentros culturales y musicales de la Argentina. Tres universos distintos, como lo han sido el del tango, el rock y la cumbia se han volcado entre sus calles. Bajemos a la ciudadela de los subtes y veamos cómo la música se reparte en el espacio.

Historia de origen

A Buenos Aires la fundaron los cadetes de la corona española. Dos veces. Primero Pedro de Mendoza en 1536 y después Juan de Garay, en 1580. Ninguna de las dos veces se llamó Buenos Aires; en ambos casos tuvo nombres larguísimos y religiosos. En 1776 se convirtió oficialmente en la capital del virreinato y fue allí, en 1810, que se conformó el primer gobierno patrio. Como no comulgamos con los salvajes Unitarios y Capital no es el ombligo del mundo, hagamos un rápido repaso para hallarle los bordes: la ciudad está acostada en la ribera sur del Río de la Plata, tiene aproximadamente 200 kilómetros cuadrados y es la quinta aglomeración urbana más grande de América. ¿Y esto nos interesa porque…?

Porque allí, entre los conventillos, se cuadró el tango. Porque de las plazas y la vida conurbana de los noventa nació el gusto a rock nacional. Porque la noche capitalina se hizo al tiempo de lo que los profesores de música llaman ritmo de carnavalito; la cumbia. Porque de ahí salieron Gardel, el flaco Spinetta y Charly. Porque es la tierra que vió nacer a Ciro Martinez y a Enrique Santos Discépolo, que no se cruzaron en este mundo pero cantaron la misma canción; uno murió diecisiete años antes de que naciera el otro, pero ambos le rindieron honores a esas vidas paralelas pero parecidas que fueron los años treinta y los noventa: “Yira Yira” es un anagrama entre 1929 y 1992 que aborda lo crudo de la pobreza urbana con una lírica magistral (“Cuando no tengas ni fe, ni yerba de ayer, secándose al sol”).

Porque Gustavo Cerati, Gilda y Goyeneche (y eso que agarramos la “G” al azar). Porque el Teatro Colón, Soda Stereo, “Las bandas eternas” de Spinetta y el Monumental reventado de rolingas. Y mucho más.

Festejos

No hay mayores razones para desparramar la música en el espacio; no le pertenece a los lugares, es el aire que flota la cabeza de los artistas. Sí. Pero también es cierto que hay sitios que se generan su propio clima y que, de repente y no por sorpresa, terminan siendo un lindo epicentro de música. Canciones sobre Buenos Aires hay como para tirar al techo. Si decimos “Argentina” en cualquier parte del mundo, nos responden “Maradona” (si nos topamos con un millenial capaz nos dicen “Messi”); hay un cúmulo de ideas que relacionamos con lugares precisos. A cualquiera se le viene a la cabeza el colorinche de La Boca y una pareja divina partiéndose en un tango que da ganas de revolear una bandera.

La música se sostiene sola, pero se enriquece de imágenes y lugares y momentos. Quizás vivimos de fotos, porque es ahí donde la música (y todo eso que nos pasa) se hace pasión. Por eso las victorias se reparten en el espacio: la música grande se festeja en el Monumental, la política en Plaza de Mayo, y el deporte en el obelisco. Resumir el aire musical de una metrópolis en unas páginas es, cuanto menos, arriesgado. Pero, al menos, pongamos algunos ejemplos de ese momento musical tan particular que es Buenos Aires.

Algunas fotos de la ruta

Podemos coincidir en que la tarea se nos escapa de las manos, pero también en que esa parva de arte y música que anida en Buenos Aires y el conurbano nos permite el yerro. Andan por ahí Gardel, Troilo, Goyeneche, Discépolo y Pugliese. Edificaron tanto el sonido porteño que es imposible imaginárselos sin escuchar de fondo un bandoneón. Quien cierre los ojos verá la multitud de puertas de un conventillo en San Telmo.

Si bajamos por Paseo Colón, pasamos por la Casa Rosada (que nos tapa entera la Plaza de Mayo) y nos metemos de contramano por la diagonal Sáenz Peña hasta la 9 de Julio, llegaremos al Teatro Colón. Inaugurado en 1908, ha sido considerado el mejor teatro lírico del mundo junto a la Scala de Milán y el Metropolitan Opera House de Nueva York. Entre los que se presentaron en la sala principal están Enrico Caruso, María Callas, Richard Strauss, Igor Stravinsky, Leonard Bernstein, Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti. Pero si bien es la casa de la música clásica, tocaron también allí grandes personalidades de la música popular como Astor Piazolla, Les Luthiers, Charly García, Gustavo Cerati y Mercedes Sosa.

Para llegar al Estadio Amalfitani, donde juega de local Velez Sarsfield, hay que tomar la autopista 25 de Mayo y salirnos justo antes de cruzarnos con la General Paz. Allí fue que, el 4 de diciembre de 2009, Luis Alberto Spinetta dio el que quizás sea el recital más importante de la historia del rock nacional: “Spinetta y las Bandas Eternas”. En un acto mágico de esos que no abunda y nos permite festejar a los ídolos aún vivos, el flaco tocó durante cinco horas y media; tiempo suficiente para ir en auto desde Saladillo hasta Rosario y tomarse un café frente al monumento a la bandera. Puede parecer poco, pero 300 minutos son probablemente más tiempo del que acumula en escuchas el último disco de los Guns n´ Roses (“Chinesse Democracy”, 2008). Entre los invitados se contó a Ricardo Mollo, Charly García, Gustavo Cerati, Javier Malosetti, Juanse, David Lebón y Fito Paez; a su vez, el recorrido musical del espectáculo acabó por reunir Spinetta y los Socios del Desierto, Invisible, Pescado Rabioso, Spinetta Jade y Almendra. Si había una forma de hacer un réquiem, era esa.

Para subir a la General Paz, Rubicón que divide capital y provincia, sólo basta con tomar la colectora. De ahí, todo lo que se abre es dominio del conurbano: una tierra fértil de música, arte, costumbres y suburbios obreros. De entre la tardecita en la plaza, la jornada cortada, la vida trabajadora y la juventud nació la flor imposible: el rock barrial o “rock chabón”. Para ilustrar la paleta musical que abarca el concepto, alcanza con listar algunas bandas: La Renga, Viejas Locas (y por tanto, Intoxicados), Bersuit Vergarabat, Caballeros de la Quema, Los Gardelitos, Hermética, 2 Minutos, Mancha de Rolando, Los Piojos, Attaque 77, Callejeros y Catupecu Machu entre otros.

Vuelva prontos

El rock está en todos lados. Donde haya un poco de resistencia y rebeldía. Es por eso que a “Yira Yira” la escribe Discépolo en 1929 en medio de una coyuntura de recesión y pobreza y que a Los Piojos les regresa a la cabeza 63 años después: dimos un giro entero y andábamos de nuevo por los mismos pagos; corriendo en vagones de lujo tras la locomotora destartalada que fueron los noventa. Iba todo a volar por el aire en algún momento y el rock iba a estar ahí para cantar sobre el tema.

Una vez recorrido norte y oeste, solo nos queda encarar hacia el sur. Para hacerlo retomamos la 25 de Mayo y frenamos recién cuando el río nos dice basta; estamos en Paseo Colón y dimos una vuelta inmensamente austera a esa maravilla variopinta que es el rock en la “Ciudad de la Furia”. Tomamos la Autopista Ricardo Balbín. La próxima vez que pisemos el freno, vamos a estar revisando la música de Virus y Los Redondos en una de las ciudades más prolíferas del rock argentino: La Plata.