El mundo del cover

El mundo del cover

Las copias, los tributos, las referencias y otras nociones que tienen al rock confundido.

Por Tomás Pelaia

“Yo hago ravioles, ella hace ravioles” dijera una vez China Zorrilla en una de las películas más queridas del cine argentino (Esperando la Carroza, 1985). Podemos imaginarnos que a más de un artista del rock le pasó lo mismo por la cabeza; nos damos el gustito y nos imaginamos a Bob Dylan tirado sobre el sillón de su casa neoyorquina en 1968, rodeado de guitarras y sombreros, escuchando la radio. Del aparato surgen los aullidos tonales de la viola de Hendrix, que está tocando “All along the watchtower”, tema originalmente de Dylan que Hendrix ha transformado de forma magistral. Un cover. Dylan arruga la cara y desaprueba (y eso que aún no se entera que Andrés Calamaro va a copiarle hasta la ropa). Veamos un poco del mundo de los covers.

Taparse o versionarse

Los covers son, técnicamente, canciones reversionadas por artistas distintos al original. Nacen de las áreas de la música más cercanas y lejanas al arte; por un lado, son aquellos homenajes que trascienden propiedad y sellos discográficos, esas canciones que operan por encima de sí mismas y llevan a los músicos al intento de adueñarse un poco de la música ajena. Por el otro, podría decirse que, en muchos casos, se reducen a reproducir, con mayor o menor fidelidad, una formula ya inventada. Como veremos, el cover es una zona de controversias.

El término, en primera instancia, no se traduce de la misma manera en el inglés que en el castellano: en español utilizamos la palabra “versión”, que de alguna forma no toca el canon de la original. “Genesis” al final de Confort y Música para Volar (el unplugged de Soda Stereo) es una alternativa épica, incluso superadora, a la original de Vox Dei de 1971; sí, pero finalmente, una versión. En el inglés, se da distinto. La palabra “cover” (palabra que usan también para referirse a las tapas de los discos) proviene de “cubrir”, lo que demuestra una historia de competencias artísticas y discográficas: cuando el rock estaba en fase embrionaria, allá por los cincuenta, un sello publicaba una canción y otro sello salía a disputarle mercado grabando lo mismo con otro músico; en fin, Estados Unidos.

La zona donde el cover se come al original

De covers se puede hablar largo y tendido. Los más conservadores estarán listos para acusar que no son más que copias, pero la realidad es que el mundo de la reversión engloba mucho más que eso.

Son numerosos los casos en los que el cover ha lanzado temas a la popularidad; temas que, inicialmente, gozaron de poco o nulo reconocimiento. “Trátame Suavemente” es producto de Los Encargados de Daniel Melero, pero quien la hizo himno fue Soda Stereo. Dolly Parton no es cosa menor en el ambiente country norteamericano, pero fue Whitney Houston la que nos hizo desafinar “I Will Always Love You” mientras la mirábamos escapar en brazos de Kevin Costner (El Guardaespaldas, 1992). Joe Cocker entró en el terreno prohibido del rock: coverear a los Beatles. Sin embargo, no sólo salió airoso, sino que acabó por dejarnos una versión de “With A Little Help From My Friends” que bien puede haber superado a la original. 

Ojo, también están los covers como corresponde. De esos que toman un poco de la original, la respetan, pero también dejan impreso el sello de quien la versiona. Oasis y Kasabian han grabado versiones de “Heroes” de Bowie; ambas distintas, ambas geniales. ¿Puede superarse “Feeling Good” de Nina Simone? No. Pero la versión de Muse es un viaje aparte. Uno placentero. “You Really Got Me”, himno de The Kinks, es una pieza rock redonda así como fue creada. Sí. Pero también lo es el cover de Van Halen, que goza de una calidad de grabación mucho mayor y de la habilidad del mítico Eddie Van Halen. El mexicano Carlos Santana estuvo en Woodstock, fue pionero en el área de la guitarra y logró lo que nadie pensó que podía lograrse (que los rockeros corrieran a escuchar algo de Maná), pero “Oye cómo va” no la escribió él. La composición le pertenece al percusionista de origen puertorriqueño Tito puente; para quién no lo recuerde, amigo de Lisa y uno de los principales sospechosos de disparar al señor Burns.

Un recordatorio

Hay momentos en los que la versión aniquila al original, cosa que se ha dado mucho en los años cincuenta y sesenta, en una época en la que todavía el mundo discográfico se estaba acomodando al estallido social y cultural que fue el nacimiento del rock como lo conocemos.

El blues fue uno de los motores musicales del rock, quizás el más relevante. Y como buena porción de las composiciones de blues (la abrumadora mayoría) pertenecía a la comunidad afroamericana, gran parte de sus autores originales fueron invisibilizados y olvidados. Con la incisiva rapidez que caracteriza la astucia racista norteamericana, los sellos discográficos instalaron el concepto de “canción tradicional” y se ahorraron millones en materia de resarcimientos económicos. En este área gris artificial comenzó a proliferar una serie de canciones de “autores desconocidos” que, interpretadas por bandas blancas, alcanzaban una fama sin precedentes. Uno de los casos más conocidos fue el de “The House of the Rising Sun”, una melodía sureña que hablaba de un pequeño prostíbulo de New Orleans y que The Animals versionó de forma tal que acabó por convertirse en una de las mejores canciones de la historia del rock. Dónde está la versión y dónde el original a veces lo determinan otras cosas distintas a la música.

El cover de un coverA veces los covers no son covers y nos pasamos toda la vida sin darnos cuenta que “No culpes a la noche” de Luis Miguel no es más que otro exitazo de Michael Jackson (“Don´t Blame it on the Boogie”), o que aquel temón que nos hizo vibrar de felicidad durante el mundial 2014 (“Brasil decime qué se siente”) es en realidad la base rítmica de “Bad Moon Rising” de Creedence Clearwater Revival. A medida que pasa el tiempo y nos hundimos más y más en este mundo de referencias y conexiones constantes, más nos damos cuenta que los límites son difíciles de dibujar. “Esto es mío, aquello tuyo”. Eso caducó. De repente “Dani California” de los Red Hot Chili Peppers nos suena demasiado parecido a “Mary Jane´s Last Dance” de Tom Petty; ellos mismos se dan cuenta, se pelean un poco y después ya está. No se puede vivir la vida del arte a las piñas; el mundo es un cocoliche y hacer música es someterse un poco al riesgo del cover. Vivimos en la época del sampleo, del retweet; es verdad que hay quienes viven de copiar y pegar, pero hay también los que construyen y hacen honor al pasado. Nos encantan los covers porque sabemos que, al escucharlos, asistimos al patio de juegos de la música. Nadie se rasga las vestiduras cuando se entera que “El Arriero” no es de Divididos sino de Atahualpa Yupanqui; nos gustan esos chiches. Los pequeños descubrimientos son los que hacen del rock una red. Basta de quejas; mientras sigamos buscando la letra chica de las reversiones y esperando easter egg´s al final de cada película de Marvel, a llorar a la iglesia.