El fútbol y el rock: mil conexiones y una misma espera

El fútbol y el rock: mil conexiones y una misma espera

El ida y vuelta de las pasiones. La distorsión, los goles y el Watford de Elton John. Dos momentos que extrañamos tanto.

Por Tomás Pelaia

Es innegable que el rock y el fútbol ocupan un lugar especial en el panteón de las pasiones nacionales. Ambos fueron el escudo y la lanza con la que argentinos y argentinas afrontaron las distintas miserias y sinsabores que la historia arrojó a sus pies. Para visualizar la íntima relación que guardan con el acontecer del sentir argentino, basta solo con recordar los dos goles de zurda de Maradona a Inglaterra en el 86 (uno con el pie, el otro con la mano) o el boom del rock bailable de Soda Stereo y Virus explotando de festejo y corporalidad en el regreso a la democracia.

De tanto rebotar en los corazones y pies del pueblo, lentamente, rock y fútbol terminaron compartiendo la misma casa. No es cosa menor que la máxima expresión de ambos pertenezca a los estadios; las bandas y los clubes se consagran en la misma iglesia: la cancha. 

Tanto el rock como el fútbol han sido expresiones casi prehistóricas de lo lúdico y lo artístico desde sus orígenes y se han ido combinando de forma que nos es prácticamente imposible imaginarlas independientes entre sí. Hoy en día, en plena pandemia, ya no podemos tolerar los estadios vacíos y sin cánticos, ni los recitales sin camisetas y banderas celestes y blancas. Siempre tiene que haber alguien besando un escudo, quizás esa sea la ley primera de la multitud.

La experiencia compartida, reflejo de amarguras y celebración, dejó un rastro interminable de cruces y colaboraciones, prueba de un cariño mutuo incuestionable: acá se es o de Boca o de River, pero también se es ricotero o amante de Soda Stereo. Hay aguas divisorias, aunque quizás lo único que los hermanos Gallagher coincidieron en su vida fue compartir la pasión por el Manchester City. No hay más que recordar las maravillas que despertó Maradona aún lejos de la pelota: Rodrigo y Manu Chao abordaron al astro con temazos como La mano de dios y La vida es una tómbola. Rock y fútbol se combinan; es sabido que han oficiado de musa inspiradora entre ambos, y mientras Calamaro todavía sigue duro ante la grandeza del Estadio Azteca, en las tribunas le cantamos canciones de Creedence Clearwater Revival a Brasil para que nos diga cómo se siente.

Mucho antes de que el panorama del futbol quedara copado por empresarios petroleros y jeques árabes que a fuerza de dólares fabricaban equipos ganadores, el músico británico Elton John se involucró con el humilde Watford de la cuarta división inglesa. El artista se hizo cargo de pleno del club en 1976, con apenas 29 años, y los llevó a un subcampeonato de la premier League en 1982. Sergio Pizzorno, guitarrista y cantante de Kasabian, estuvo a la vuelta de la esquina de dedicarse enteramente al fútbol. Son célebres las fotos de Bob Marley haciendo jueguitos y las de Maradona posando con Queen, mientras sostiene los palillos del baterista Roger Taylor. A su vez, Charly García y el flaco Spinetta, héroes fundacionales del rock nacional, coincidieron como acérrimos hinchas de River Plate. Cerati y Aznar, en alguna extraña comunión emotiva, defendieron a Racing. Y el Indio Solari supo colgarse la camiseta de Boca Juniors, aunque en los bosques platenses se siga diciendo que es de Gimnasia.

La música y el deporte se pisan ahí en donde a las pasiones se le difuminan los bordes. Algunos dirán que a los Beatles los separaron diferencias irreconciliables; otros señalan a Yoko Ono; bien podríamos especular con que fue el futbol: Lennon era del Liverpool, mientras que McCartney siempre hinchó por su eterno rival, el Everton.

Es en el cruce que se sostiene buena parte del vivir argentino: una experiencia completa, rebalsada de pueblo, que conjuga la lucha, la lealtad y los colores, el tuteo y la música, el asado y el mate, la plaza, el barrio y el cambio social en una sola casa. La historia de esta relación es sorprendente, casi desconcertante, y está a la perfección tatuada en una recordada letra del rock nacional: “Del éxtasis a la agonía, oscila nuestro historial”. Rock y fútbol implosionan y, sin necesitarse, se necesitan: quizás sea por esto que a aquellos genios musicales que se fueron a los 27 (Hendrix, Morrison, Joplin, Winehouse y Cobain, entre otros), no pudimos más que fundarles un club.