Drag queens: historia de un arte sin reglas

Drag queens: historia de un arte sin reglas

Un arte en expansión, que desafía el conservadurismo de la cultura occidental y rompe con los paradigmas de género. 

Por Facundo Morán

Se denomina drag queen/king o transformista a una persona que se disfraza y actúa utilizando los estereotipos de una mujer o un hombre, exagerando sus rasgos, con una intención principalmente histriónica y llamativa, con el fin de entretener a una audiencia. Es un tipo de arte libre, donde los límites de identidad de género y de orientación sexual se borran por completo y sólo basta con crear un personaje, mostrar talento y entretener al público. 

Los estilos y tipos de drag varían dependiendo de la dirección que esa persona le quiera dar a su personaje. Existen las drag fishy, que buscan acentuar los rasgos femeninos; las drag club kid, que se enfocan más en un estilo andrógino, eliminando los géneros binarios hombre/mujer; y los biodrag, un estilo busca resaltar los rasgos masculinos, entre otros. 

Históricamente la escena drag está predominada por hombres gay personificando una figura femenina, remontándose en sus inicios a la época isabelina, donde los hombres actuaban como mujeres en las obras de teatro, debido a que, en países como Inglaterra, ellas no tenían permitido participar en el teatro, por lo que los papeles femeninos debían ser interpretados por personas masculinas. Surgió entonces, el inicio de las personificaciones de géneros, que se pueden ver en diferentes versiones de obras antiguas como “El mercader de Venecia” o “Noche de Reyes”. 

El “primer boom” del arte del transformismo se dio a mediados de 1930 en Estados Unidos, cuando la comunidad drag se unió a la comunidad LGBT+ y en el momento en el que el gobierno lanzó la “Ley Seca”, que prohibió el consumo de alcohol durante una década. Fue en ese entonces cuando las drag queens se empezaron a desenvolver en un ambiente mucho más amplio gracias a la unión con la comunidad y a raíz de la prohibición del principal medio de entretenimiento de los estadounidenses (el alcohol), las transformistas se convirtieron en el centro del entretenimiento nocturno. 

Pero cuando se levantó la “Ley Seca”, a mediados de los años ‘50, el escenario nocturno drag se volvió más violento por parte de la audiencia, convirtiéndose así en una época que se caracterizó por la homofobia y transfobia. Por tal motivo, a pesar de que los shows drags seguían a pie, tuvieron que dejar la exposición de lado y pasar a la clandestinidad de los clubs nocturnos. Las transformistas en esta época eran violentadas, arrestadas y hasta asesinadas, como fue el caso de la drag queen Flawless Sabrina, una de las principales líderes del movimiento, que fue brutalmente asesinada a golpes luego de uno de sus shows.

Flawless Sabrina

En la década de los ‘70 empezó a surgir dentro del movimiento drag una nueva corriente que sigue siendo importante a día de hoy: la cultura “ballroom” o del “salón”. Esta se originó en los barrios más recónditos de Nueva York, donde las drag queens se reunían en un galpón gigante y realizaban competencias de baile y de desfile por distintos trofeos. Sin embargo, durante esta época, la discriminación a la comunidad drag y LGBT+ era mayor que en los años ‘50, por lo que fueron forzados a buscar nuevos lugares para encontrarse y expresarse. 

Gracias al nacimiento de la corriente del “ballroom”, muchas personas pudieron experimentar con el arte del transformismo refugiados por la seguridad de la comunidad. También se formaron las llamadas “familias” o “casas” que apoyaban a sus participantes en las competencias. Estas “casas” solían ser apartamentos de acogida, donde una “madre” reclutaba chicos que habían sido echados de sus casas por su condición sexual o de género, brindándoles techo, comida y un espacio libre de expresión artística. Generalmente, estas familias se caracterizaban con un apellido: “La casa de Evangelista”; “La casa de Abundance”, entre otras. Y así, la persona que les enseñaba a hacer drag se convertía en sus “drag mother”, que, en la mayoría de los casos, solían ser las madres de las casas de acogida. La relación entre las personas del ambiente drag tiene la misma intensidad que la de una familia real, suelen ser personas que se apoyan mutuamente ante la exclusión de la sociedad, creando lazos afectivos para toda la vida. Documentales como “Paris is Burning” o la serie de Netflix “Pose”, reflejan cómo era la vida dentro de las casas de acogida y la cultura del “ballroom”.

Una década más tarde, en los años ‘90, surge el “segundo boom” del arte del transformismo. El drag se convierte en una manera de expresarse, divertirse y conocerse a sí mismo, dentro de una sociedad un poco más receptiva a la diversidad. A mediados de 1995, sale a escena la drag queen más conocida a nivel mundial, RuPaul Charles, artísticamente solo RuPaul, quien empezó a adquirir fama luego de aparecer en varios videos musicales y después de ser la cara promocional de una famosa marca de maquillajes. También tuvo su propio show en el año 1997, “The RuPaul Show”, que se mantuvo en el aire por dos temporadas. Esta época se caracterizó por la expansión del drag dentro de los Estados Unidos, dando lugar a nuevas formas de expresión (el drag club kid, por ejemplo).Finalmente, el “tercer boom” del arte del drag, que se mantiene hasta la actualidad, se da en el año 2009. En este año, el anteriormente mencionado RuPaul, lanza al aire el primer reality show de drag queens que compiten por el título de la mejor drag queen de los Estados Unidos. El programa es llamado “RuPaul’s Drag Race”  y cuenta con 17 temporadas, sumado a varios spin-off alrededor del mundo. Es a día de hoy el programa LGBT+ más visto a nivel mundial, siendo galardonado con numerosos premios.

RuPaul Charles en su promoción de la temporada 12 de “RuPaul’s Drag Race”

En el curso del programa, se muestra todo el proceso que implica la transformación drag, desde confeccionar los propios vestuarios, idear el maquillaje, planear eventos, actuar, cantar, modelar, etc. También allí salen a la luz la vida personal de las reinas, exhibiendo los obstáculos que tuvieron que pasar para convertirse en el personaje que son hoy. 

Gracias a “RuPaul’s Drag Race” el mundo del drag empezó a salir de la clandestinidad y de los clubes nocturnos, llevando un mensaje de amor, aceptación y lucha, donde distintas audiencias fuera de la comunidad LGBT+ logran empatizar y conocer el mundo del transformismo. También, este show elevó la exigencia de excelencia de las drag queens, forzando a que se perfeccionaran en sus vestuarios y actuaciones. 

No obstante, a pesar de que el arte del drag promociona el amor, la diversidad y la posibilidad de que cualquier persona sea parte del movimiento, existen un montón de obstáculos que a veces impiden que el drag sea un trabajo estable. Las pelucas, los maquillajes, los vestuarios, todo en conjunto implica un gasto económico muy alto. 

En Latinoamérica, vivir del drag o lograr un drag “profesional” es casi imposible. Dixie Valentine, una drag queen de Buenos Aires, nos comentó su experiencia trabajando en los clubes nocturnos de la capital argentina, previo a la pandemia, que empeoró aún más la situación: “El drag sin dudas fue la puerta de entrada a mi libertad. Siempre me sentía incomprendida hasta que encontré este nuevo mundo lleno de glitter y amor. Nosotras vivimos de nuestras presentaciones en los boliches, más que nada de las propinas que nos da la gente mientras bailamos, ya que para que un boliche pague por tu presentación, tenes que ser bastante conocida y atraer a bastante gente. La situación económica del país no ayuda para nada, comprar maquillajes y vestuarios es casi imposible si tu objetivo es llegar a ser una drag queen “pulida”. En mi caso, tengo dos trabajos además del transformismo, se gana muy poca plata con el drag y en nuestro país aún no tiene una pisada tan fuerte como en Estados Unidos”, expresó.

En la actualidad y debido a la situación extrema que estamos viviendo producto de la pandemia causada por el COVID-19, las drag queens de nuestro país tuvieron que encontrar maneras ingeniosas para poder seguir con su trabajo, y Dixie en cuanto esto nos relata: “La situación con la cuarentena es crítica para nosotras, muchas amigas tuvieron que dejar de lado su personaje drag para enfocarse en otros trabajos para poder comer. Como comentaba antes, nosotras vivimos de las presentaciones en boliches y ahora nuestra única opción es hacer un vivo de Instagram dónde brindamos un show y ponemos a disposición una canasta para que el que quiera donar algo de dinero para apoyar nuestro arte. A pesar de nuestros intentos, la situación económica y la poca presencia del drag en Argentina complica mucho la continuidad de nuestro trabajo”.

El transformismo le da a las personas la posibilidad de expresarse libremente y ser uno mismo dentro de una sociedad que exige ser de una determinada forma. La libertad, la diversidad y el amor son los pilares de este tipo de arte, sin embargo, todavía falta un largo recorrido para que el transformismo sea tomado como un trabajo serio y estable, sobre todo en países donde el conservadurismo es mayor y las oportunidades son pocas.