Dead Man Bones y los actores músicos

Dead Man Bones y los actores músicos

En plan “Halloween” descubrimos Dead Man Bones, la banda de goth rock del actor canadiense Ryan Gosling, que no conforme con jazzearse la vida en “La La Land” y romperla con roles como el de “Drive”, resulta que también se las da de rockstar.

Por Tomás Pelaia

Hay gente que puede hacer de todo. Se plantan delante de las cosas con la certeza de que lo único que se necesita es confianza; quizás sea así. Todos nos hemos cruzado, de alguna forma, con alguno de estos personajes. Siempre hay uno al que se le dan bien todos los deportes, ya sea que le alcances una pelota, una raqueta, o lo subas a un caballo en un barrio de zona norte. Siempre hay uno al que se le dan todas en los juegos de mesa, y que gana lo que sea que le pongan adelante; truco, tutti frutti, T.E.G., tute cabrero o lo que venga (el ancho de espadas va al jugador). Siempre hay uno que cae bien con cualquier instrumento y se defiende donde sea que lo sientes; afinados naturales. Siempre hay uno que sabe un poco de todo y no te pierde un pasapalabras ni a punta de pistola. Siempre hay uno. Ryan Gosling es una versión en esteroides de todos ellos.

No es cosa nueva esto de desayunarse con que algún músico se dé el gustito de aparecerse un rato en la gran pantalla. Bowie se hizo una película entera para él mismo (“Laberinto”, 1986) y más de uno recordará su icónica aparición en “Zoolander”, de 2001. El mítico Keith Richards hizo del padre de Jack Sparrow en la tercera entrega de “Piratas del Caribe”. Sinatra y Elvis son ejemplos clásicos de esto. Cher, Lizza Minelli, Whitney Houston y Bárbara Streisand han hecho lo propio y nos han dejado, de paso, un par de peliculones. Justin Timberlake clavó protagónico en 2011 con nada más ni nada menos que Amanda Seyfried, Olivia Wilde y el grandioso Cillian Murphy para la película “El Precio del Mañana” (gran idea, no tan grandiosa realización). Y claro, cuando andas así de consagrado, te das los lujos que se te ocurran.

Pero este affair entre la música y el cine también ha tenido su camino inverso: actores que han incursionado en el mundo discográfico. Algunos de ellos, incluso, lo han hecho de forma exitosa o, al menos, han alcanzado una gran calidad musical. Dr. House (Hugh Laurie), que también hizo del padre de Stuart Little, lanzó dos discos dedicados al blues y al jazz que lo han tenido en plan de pianista. Ambos discos resultaron ser grandes sorpresas y muy buenos álbumes. Will Smith supo coquetear con el rap, allá por los noventa. La actriz neoyorquina Scarlett Johansson incursionó en el mundo de la música y editó dos álbumes, uno en 2008 y otro en 2009. Jared Leto es, quizás, el mejor de los ejemplos; ambas carreras han sido tan exitosas que los músicos suelen reconocerlo por su faceta musical, mientras que los amantes del séptimo arte, por sus papeles en el cine: convengamos lo siguiente, como Joker, es un gran cantante de 30 Seconds to Mars.

Ryan Gosling nos cautivó con sus dotes actorales en más de una ocasión: “Drive”, “La La Land”, “The Notebook”, “Blue Valentine”, “Lars and the Real Girl” y muchas otras. La química en pantalla con Emma Stone y Steve Carrell en “Crazy Stupid Love” hizo del filme una de las mejores comedias románticas de los últimos años. Durante el boom de “La La Land” resurgieron los videos de sus participaciones en los programas de talento canadiense, con lo que nos quedó claro que también se defendía en la pista de baile, y desde muy joven. Pero aun había espacio para el rock.

En 2008, Gosling formó Dead Man Bones, junto a su amigo  Zach Shields. Y, un año más tarde, la banda lanzó su primer álbum, un disco homónimo del género goth rock y goth folk en el que colaboró el Silverlake Conservatory Children’s Choir (Coro de Niños del Conservatorio de Silverlake), fundado por Flea, bajista de los Red Hot Chili Peppers. El estilo musical de la banda es de composiciones lentas y dramáticas muy cargadas de un sonido setentoso que recuerda a Siouxsie and the Banshees y The Cure. Generalmente cargadas de un tono oscuro y teatral, pero a la vez despojado y casi minimalista. La participación del coro y las voces jóvenes del Silverlake Conservatory agregan el condimento justo para maridar el disco con el aire lúgubre y espeso de la visita a una mansión embrujada. En las vísperas de Halloween, no hay mejor opción musical para ponerse en clima antes de una buena maratón de terror.