Culpable: Cambiamos imagen por palabras

Culpable: Cambiamos imagen por palabras

Hoy te reseñamos Culpable (2021), protagonizada por Jake Gyllenhaal y dirigida por Antoine Fuqua. Llamadas de emergencia, grandes nombres y buenos juegos narrativos en un drama policial que escondía una película dentro de una película.

Por Lucas Huarte

Hace menos de una semana, me senté en el sillón junto a mi viejo. Este, después de un día de trabajo, se dispuso a hacer lo que acostumbra hacer; prendió el televisor y puso Netflix. Cuando levanté la vista, vi una cara conocida en la primera sugerencia de nuestra querida “N roja: Jake Gyllenhaal, actor de Oscar vacante, sentado en un escritorio y haciendo de operador de emergencias de la policía. Gyllenhaal atiende el llamado de una mujer, le hace unas preguntas y, cuando está dispuesto a cortar, escucha la voz de un hombre. Unos segundos más tarde ya lo sabemos, la mujer fue secuestrada. El trailer ha logrado su objetivo.

Es así que me crucé con The Guilty (Culpable en su traducción al español). Un thriller policial que, por donde se lo mire, promete: protagonizada por el ya mencionado Gyllenhaal, dirigida por Antoine Fuqua (quien en 2001 dirigió la genial Día de entrenamiento), con un guion escrito por Nic Pizzolatto (la retorcida mente detrás de la serie True Detective) y las voces de Ethan Hawke, Riley Keough, Eli Goree, Da’Vine Joy Randolph, Paul Dano, y Peter Skarsgaard. No hay que juzgar el libro por su portada, pero que la portada es buena es innegable.

La película nos mete de lleno en las últimas horas de Joe Baylor detrás del 911, antes de un juicio que va a definir el futuro de su carrera. Tras llamadas de gente drogada y tipos asaltados, llega el llamado de Emily que se ve en el tráiler. ¿Cómo sigue la historia? En la oficina. Nunca nos vamos de la oficina. Baylor sólo tiene una forma de ayudar la Emily y esta es a través del teléfono. Todo ocurre fuera de nuestro alcance y nada se puede hacer, salvo escuchar. Eso nos plantea el filme: se invierten los roles clásicos del cine y ahí el espectador tiene que escuchar para seguirle la corriente a la narrativa, porque la imagen existe por fuera del alcance del protagonista. Y eso, si es bien usado, genera buenos resultados.

Una hora y media con la cámara detrás de un policía que vive el tiempo con total impotencia, ya que salir a la calle no es opción. Sólo puede quedarse sentado, haciendo de enlace entre las partes del acto. Su rol termina siendo tan necesario como estático, y eso juega en la cabeza de Baylor, que no puede parar de cruzar el secuestro con sus problemas personales. Pero, más importante aún, juega con el espectador. Cada silencio es un hueco que queremos llenar con la voz de un personaje, porque esa voz nos ayuda a completar el rompecabezas de las tramas. 

No es un accidente el plural de “tramas”. Por un lado está el secuestro de Emily; por el otro, el juicio de Joe, que aparece en pequeñas pinceladas. Nosotros seguimos aparte, adquiriendo minúsculos pedazos de información, sin saber qué ocurre realmente. Es un suspenso angustiante, porque genera dudas y no nos permite pensar respuestas.

Imaginemos ahora que, satisfechos después de verla, nos sentamos a escribir una reseña y nos enteramos que lo que acabamos de ver es una remake: la original es una película del 2018, danesa para ser más exactos. ¿Por qué Hollywood se empecina tanto en darnos su versión? ¿Acaso no sería mejor que las películas tengan un reconocimiento propio sin pasar por el filtro de la idiosincrasia yankee? A fin de cuentas la industria del cine de masas es un negocio. Como dijo Bong Joon-ho: “Una vez que superen la barrera de una pulgada de altura de los subtítulos, tendrán muchas más películas increíbles”.

No pude evitar correr a adquirir y ver la versión original. Y tuve una sensación ambigua. Primero sorprendido por la calidad de la versión original que, aun sabiendo la trama y sus los giros argumentales, pudo ponerme en suspenso; con menos recursos hay un filme mucho mejor logrado. 

La remake es completamente innecesaria. Literalmente el guion es calcado de la original, salvo pequeños detalles que parecen clave para el desarrollo de la trama del protagonista. Bancamos a Pizzolatto, pero no está justificado el sueldo de este muchacho.

Spoiler alert, los siguientes 2 párrafos contiene información perjudicial para quien planea ver la película. Hay dos cambios, entre las versiones, que resultan no sólo innecesarios, sino estúpidos y hasta políticamente deplorables. Primero, la remake inventa un incendio forestal para justificar la falta de policías a la hora de resolver el secuestro. ¿Por qué no aceptar que el aparato policial es defectuoso por naturaleza? Ósea, el protagonista está a punto de ir a juicio por un caso de gatillo fácil. No puede ser que se intente disfrazar la situación creando un aura de excepcionalidad. 

Segundo, el policía de Gyllenhaal está más preocupado por él mismo que por el caso. Todo es un intento desesperado por demostrarse a sí mismo que es una buena persona que cometió un error. Asger Holm (nombre del policía en la versión danesa) no piensa constantemente en su juicio, y el final lo demuestra a la perfección, declarando frente a toda una oficina llena de sus compañeros su crimen para salvar la vida de Emily. Holm hace lo que tiene que hacer comprendiendo que puede hacer el bien a pesar de ser una mierda; Baylor lo hace para no serlo.

Pareciera que el problema de la remake está en que se intenta crear un héroe caído, mientras que en la original es todo lo contrario. Holm se va al baño ante la mirada de sus compañeros, que ya hicieron el juicio y lo sentenciaron culpable; Baylor se confiesa en la comodidad de una oficina aislada y tiene la opción de salirse con la suya, pero no lo hace. Lo dejo a tu criterio. En pocas palabras, vean Culpable; si es la versión original, mejor.