Cuando escribir sana

Cuando escribir sana

El año 2018 había sido un año particularmente difícil en mi vida, y fue cuando comencé a hacer varios cambios en mi vida personal y profesional. Fue de esos años bisagras que a veces tenemos en la vida dónde uno sabe que las cosas no pueden seguir igual.

Como psicóloga, sé la importancia de la psicoterapia. Por eso, además de mis sesiones particulares, decidí empezar a escribir, así, descarnado y crudo; tratar de hacer que mis dolores tuvieran otro significado.

Resignificar, una palabra que usamos mucho los psicólogos, y que significa algo tan simple como “encontrar un nuevo significado”. Sin caer en una positividad tóxica, saber que en lugar de “a veces se gana, a veces se pierde”, se puede reemplazar por “a veces se gana, a veces se APRENDE”. Y encontré así un refugio donde plasmar mis ideas desordenadas. La cabeza iba más rápido que mi boca y mi boca más rápido que mis dedos. Escribir me obligaba a tener una pausa donde acomodar los pensamientos de manera tal que mi mente también se desaceleraba.

Freud decía que el único mecanismo de defensa saludable era la sublimación, es decir, aquel que permite que los impulsos y deseos inconscientes puedan salir de una manera que sean socialmente aceptados. Dentro de esto, está todo lo relacionado a lo artístico, aquello que saca nuestro dolor afuera de manera tal que no daña a otros y que nos permite sanar. 

Reescribir nuestra historia es difícil, a veces está llena de borrones, a veces de culpas, a veces de lamentos o victimismo, somos héroes y villanos, somos santos y pecadores. Escribir y releernos nos permite ver lo que avanzamos o retrocedimos, nos hace saber que de cierta manera nos movemos aunque pensemos que esta todo igual.

Algunos escriben ficción, otros autobiografía, otros mezclan, algunos se sientan con un papel en blanco y dejan que las palabras vayan saliendo como si existiera una inspiración divina, o usan una palabra o imagen como disparador. No hay estrategias mejores o peores, solo muchas alternativas que se irán adaptando de forma diferente a lo que necesitamos y a nuestras características de personalidad. Lo que le sirve a muchos puede no servirle a otros y la escritura terapéutica tiene algo de eso, de redescubrirnos, adaptarnos y flexibilizar. 

¿Por qué escribir puede ayudarnos en el proceso de sanar? Porque colabora a la expresión de las emociones, a clarificarlas y clasificarlas, a empezar a darle el lugar que necesitan y reclaman. Y cuánto hay de importante al poner en palabras lo que nos pasa, empezar a desarmar el entramado intrincado de nuestros pensamientos y de a poco ordenarlos.

Algunos autores proponen que el éxito de la escritura emocional radica en que nos permite darle un sentido a lo que hemos vivido, poder integrar el evento traumático en nuestras experiencias de vida. Cuando escribimos, no solo logramos asimilar la experiencia, sino que también podemos ayudar a despojarla de su impronta negativa y adoptar una perspectiva más objetiva y racional. Por tanto, escribir expresando nuestras emociones nos ayuda a desarrollar una actitud más resiliente, aprender a ser más benevolentes con nosotros mismos y empezar a integrar eso que nos marcó en nuestra historia personal.

Algunos beneficios de la escritura terapéutica son:

  • Aliviar el estrés, tensión y ansiedad
  • Ayudar a gestionar y superar las pérdidas
  • Mejorar los problemas de comunicación
  • Facilitar el autonocimiento
  • Desarrollar el amor propio
  • Aumentar la creatividad
  • Conectar con nosotros
  • Crear hábitos saludables para nuestra salud mental

Escribir es un ejercicio que realizo a diario y que también recomiendo a mis pacientes con frecuencia. Con muy poco y a fuerza de hábito podemos lograr grandes resultados y cambios notorios en nosotros mismos y en la manera de gestionar nuestras emociones. No requiere de mucho más que de animarnos a encontrarnos con nosotros mismos y nuestros pensamientos y empezar de una vez, a darle el lugar que corresponde a lo que nos pasa.

Si no sabes cómo empezar hay dos libros que pueden servirte de guía:

“El camino del artista”, de Julia Camerón, donde la autora propone actividades diarias para ayudar en el camino de la escritura creativa y aprender a que descubras talentos y potencialidades ocultas. Son 12 semanas para poder emprender un viaje de autoconocimiento que solo te toma unos minutos de tu día. 

Otro libro que recomiendo mucho es “Libera tu magia”, de Elizabet Gilbert (la escritora de “Comer, rezar amar”), donde cuenta sus propias dificultades y bloqueos a la hora de escribir y cómo escribir le cambió la vida.

Te invito a que te animes, no necesitas experiencia previa, ni siquiera ser un gran escritor, sólo darte un momento para empezar a exorcizar todo eso que llevas dentro, de verdad, es un viaje de ida.

Lic. en Psicología Carla Korol.