Charles Bradley: Vidas que arden demasiado pronto

Charles Bradley: Vidas que arden demasiado pronto

Recordamos a Charles Bradley, joyita del soul que pocos conocen y ejemplo de que para la música no hay relojes.

Por @florgerminando

Podríamos comenzar esta historia citando innumerables frase motivacionales trilladas. “Nunca es demasiado tarde”. Sin embargo, es más interesante hacer hincapié en un ejemplo concreto: la vida de Charles Bradley.

Arranquemos por el final, Bradley falleció en el año 2017, con 68 años y un sueño cumplido: hacer música, precisamente, soul.

Podemos analizar distintas situaciones que fueron aconteciendo en su paso por la tierra y que, definitivamente, tuvieron relación directa con estas ganas de transformar el dolor en música. La vida nunca no amable con él; nació en Florida, el corazón del sentir racista norteamericano, un 5 de Noviembre del año 1948. Su madre lo abandonó y, por si esto fuera poco, regresó ocho años más tarde a buscarlo y lo maltrató durante toda su infancia. 

En la plena oscuridad, y con tan solo 14 años, transitó algo que un tiempo después se convertiría en un momento sustancial de su vida: su hermana lo llevó a un concierto del legendario James Brown. Corría 1962, y el teatro Apollo, catedral de la música afroamericana, irradiaba una ferviente insumisión en un momento clave de lucha por desterrar al racismo de la sociedad. Sólo cabe imaginar, pero, con el diario del lunes es posible ver que la experiencia le cambió la vida por completo; Charles Bradley estaba admirando, por primera vez, a quien se convertiría en su modelo a seguir.

Un corto tiempo después, decidió irse de su hogar en busca de una mejor vida. Inició un viaje que lo llevó a recorrer Estados Unidos de este a oeste haciendo autoestop. Durmió en la calle, en vagones de tren, y trabajó de lo que hubiera a mano, principalmente como carpintero. En 1977 se instaló en el estado de California, y descubrió un talento oculto: imitar a la perfección al Rey del Soul. Pasó los siguientes veinte años realizando trabajos de todo tipo y actuando como imitador de James Brown. A mediados de los noventa su madre enfermó y Bradley se transportó de regreso a su casa materna en Brooklyn, New York.

Bradley había encontrado, por fin, la manera más directa de canalizar su sufrimiento, y bajo el nombre de Black Velvet comenzó a presentarse en clubes de toda índole, donde brindaba su show como imitador. 

Pese al breve momento de iluminación, las desgraciadas continuaron: presenció el asesinato de su hermano por parte de su propio sobrino y estuvo a punto de morir por una reacción alérgica a la penicilina.

Aun así, bajar los brazos nunca fue una opción. Es así que en 2011 su vida dio un giro total y pudo saborear, por fin, los frutos de su esfuerzo: el sello discográfico Daptone Records le daría la oportunidad de sacar su propio disco. 

Con 63 años, lanzó su primer álbum, titulado “No Time For Dreaming” (podríamos decir mucho solo acerca de su título, ¿no?). Lógicamente, en esta primera experiencia se percibe una esencia similar a la de James Brown, algo inevitable tras tantos años de devota imitación. Luego le siguió “Victim of Love” que se publicó en el año 2013, pero que carga con un soul profundo y viejo, dejando al descubierto al verdadero artista en su máxima expresión. Finalmente, en el 2016, tras la muerte de su madre y dedicado a ella, el mundo conoció el álbum “Changes” que, ineludiblemente, consolidó su éxito.

Durante la composición de este último, en el otoño del mismo año, fue diagnosticado con cáncer en el estómago. Prontamente, la enfermedad invadió también su hígado; Bradley perdió la batalla, pero se fue victorioso, luego de vivir a pleno, durante 6 años de su vida, la felicidad pura de hacer lo que más amaba. 

Sin lugar a dudas, su rastro más profundo no está sólo en su música, sino en haberse convertido en la representación más precisa de un sueño cumplido a pesar de las adversidades. Su enormidad musical nos atrapó, pero el reflejo evidente de que nunca es demasiado tarde para luchar, es lo que verdaderamente nos moviliza: “Si puedo ocupar como instrumento mi cuerpo, mi mente, mi alma para hacer de este mundo un lugar mejor entonces hice bien mi trabajo; y cuando el momento llegue, cuando ya no necesite este cuerpo, me iré a un lugar mejor”.

@florgerminando