Bienvenida Casandra (y esas mujeres que no se callan)

Bienvenida Casandra (y esas mujeres que no se callan)

La locura es poder ver más allá.
Bienvenida Cassandra, de Sui Generis.

¿Recuerdan a Casandra? Alertó a su pueblo sobre sobre las desgracias que caerían sobre Troya pero fue completamente ignorada: “estás loca”, le dijeron. Y es que Casandra no estaba loca, pero sí maldita. Al rechazar al Dios Apolo se le quitó el don de la persuasión a modo de castigo, a partir de ese momento la joven sacerdotisa podía profetizar el futuro pero nadie jamás le creería. Una vez que Troya fue destruida Casandra  fue tomada como prisionera por Agamenón, que al regresar a su tierra con su botín de guerra, fue asesinado por su propia esposa a modo de venganza (ah, pero esa es otra historia). 

Nos interesa ubicar a Casandra en las puertas de Micenas, la ciudad de Agamenón, donde ella espera su muerte, porque ahí es donde inicia y culmina la novela de Christa Wolf que hoy les vengo a recomendar. En ella se propone una reescritura de este mito clásico en un monólogo interno de la protagonista que repasa su historia y la de su familia (y por lo tanto la de los troyanos) unas horas antes de ser ejecutada.

En Kassandra (1983) Christa Wolf (Polonia, 1929 – Alemania, 2011)  hace desfilar una serie de viejos recuerdos, que llegan desordenados e incompletos a la mente de la muchacha, pero que nos permite a los lectores ir armando la historia poco a poco. No necesitamos tener un gran conocimiento de la mitología griega para leer la novela, basta con poder ubicar algunos nombres, aunque sin duda la historia se enriquece muchísimo si podemos captar los guiños, las ironías y las sutilezas.

La muerte inminente – ella lo sabe, claro está – la vuelve reflexiva y acaso nostálgica, pero la Casandra que nos presenta Christa Wolf tiene muchas diferencias con la que aparece en La Ilíada o en la tragedia Agamenon de Esquilo. Esta Casandra no acepta su muerte como una derrota sino con resignación porque sabe que es parte de su destino que suceda en ese lugar y en ese momento, y ella no es más que una simple mortal, que debe acatar el mandato de las moiras. 

El deseo máximo de Casandra en esta novela es hablar con su propia voz, poder expresar de manera abierta y directa lo que siente, lo que piensa y lo que vaticina. Su claridad y su decisión es lo que asusta y la razón por la que se gana el epíteto de loca, inaugurando así una larga dinastía que perdura incluso hasta nuestros días, donde mujeres temerarias y que no saben callar son acusadas y señaladas con el estigma de la locura. 

Pero no todo es oscuro en esta historia; el amor, el deseo y la amistad también son parte de ella y la autora sabe recuperarlos adecuadamente. Recomiendo este libro para repensar a estos personajes clásicos que poco a poco se fueron cristalizando y cierro este comentario con los versos de Charly que reflejan vivamente el espíritu de Casandra, que a medida que pasan los siglos tiene más para decir:

Les contaste un cuento sabiéndolo contar
y creyeron que tu alma andaba mal
la mediocridad para algunos es normal
la locura es poder ver más allá.

Rocío Sadobe
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