Antivacunas: ¿Quiénes son y de dónde salen?

Antivacunas: ¿Quiénes son y de dónde salen?

En una nueva columna sobre salud, Gonzalo Aguilera resume los principales argumentos de los movimientos antivacunas y demuestra sus falsedades con historia y evidencia.

Por Gonzalo Aguilera

Esta pandemia nos dejó ver que puede llegar a haber tantas opiniones como personas sobre la faz de la Tierra. Sin embargo, la fuente y el sustento de las ideas no son las mismas. También se escucharon cosas terribles y hasta peligrosas, como que el “vibrar alto“ puede ser la salvación a todos los males de la actualidad, o que de repente nos van a colocar un chip y nos vamos a quedar todos pegados a la heladera. Y, entre todos estos disparates, se encuentran por supuesto los famosos “Antivacunas”. Pero… ¿De dónde salieron?

La eficiencia de las vacunas es evidente y se puede ver en números y estadísticas, tanto para la enfermedad en auge como el SARS-CoV 2 (o, más amablemente, coronavirus), como para tantas otras como la BCG (contra la tuberculosis), la hepatitis B, la pentavalente (contra difteria, tos convulsa, tétanos, influenza tipo b y hepatitis b) y muchas otras otras que son parte del calendario de vacunación de nuestro país. De hecho, los dos descubrimientos que más vidas han salvado a lo largo de la historia son la vacunación y el agua potable. Pero entonces, ¿por qué hay gente que decide negarse a esta realidad? 

Para explicar este tema primero hay que hablar sobre el origen de las vacunas, un invento que le debemos prácticamente en su totalidad al señor Edward Jenner. Rondaba el año 1721, y la idea de la inmunización ya estaba en la cabeza de los grandes investigadores. Ya existían algunos experimentos que daban indicios de que podía funcionar el concepto de inocular con el agente patógeno, y que eso genere protección en los individuos.

En este caso, Jenner expuso a un paciente de 8 años a una muestra de una paciente con viruela que contenía el virus, algo impensado hoy en día sin los protocolos que la investigación requiere (por suerte la ciencia avanza, ¡que vivan los comités de ética!). Este experimento rudimentario provocó que el niño tuviera síntomas leves como fiebre y algunas molestias, algo que sucede incluso hoy con las vacunas que conocemos, pero nada mucho más grave. Posteriormente, se expuso al paciente al virus de la viruela, y se demostró que no desarrollaba la enfermedad, lo que significó un primer paso clave: la vacuna  solo inoculó/vacunó al paciente, sino que demostró que luego de esta intervención, el paciente no se enfermaba. 

En estos 300 años que pasaron, las metodologías se fueron refinando y hoy se conoce mucho más sobre los efectos de las vacunas. Sin embargo, todavía parece haber gente que niega la evidencia, y es a esto a donde queremos llegar… ¿De dónde salen? ¿Y por qué? 

Los argumentos que dan lugar a las ideas de los movimientos antivacunas son variados, pero se pueden resumir en cuatro grandes ideas:  

-Motivos religiosos: Los sectores religiosos no dejaron pasar el tiempo para dar su opinión negativa y, aunque tal vez sea uno de los argumentos más antiguos y menos tangibles, ya se argumentaban por la época de Jenner ideas como que las enfermedades son enviadas por Dios para castigar el pecado y que cualquier intento de prevenir la viruela a través de la vacunación era una “operación diabólica“.

“Método Leicester”,Leicester anti-vaccination league”: Rondando el siglo XIX, este método del médico forense logró reducir los casos de viruela mediante denuncia obligada y aislamiento obligatorio de los pacientes, suprimiendo la vacunación en post de las mejoras de atención en la salud y mostrando que, en pequeñas poblaciones, aunque se disminuya la vacunación los casos bajan. Esto impulsó el concepto de que “las vacunas no son necesarias” y la creación del “Movimiento Antivacunas de Leicester”, generando luego de un tiempo un brote mucho más grave y dañino para la salud pública de diferentes enfermedades.
Quedó demostrado entonces, que este método podría servir en pequeñas poblaciones, pero no es traslocable ni puede ser llevado a la práctica en el mundo “real”, es decir, con poblaciones más grandes. Esto era posible además gracias a la posibilidad de estos pacientes de ser hospitalizados y tratados, y un dato no menor: el personal hospitalario sí estaba vacunado por completo. 

Libertad individual: Esto está relacionado al concepto de “no me vacuno porque es mi cuerpo“ y “yo lo decido y soy un ser libre”. De hecho, como todos sabemos, el proceso de vacunación es opcional, aunque mucho se haya hablado de la inmunidad de rebaño.
La inmunidad hace que cierta parte de las personas pierdan la noción del riesgo, cosa que en esta pandemia claramente se ha visto y, espero, se entienda la importancia de la inmunización. Además, el concepto de inmunidad de rebaño sirve para para permitir que aquellas personas que realmente no pueden vacunarse (como inmunosuprimidos, pacientes no respondedores a la vacunación, patologías de base para las cuales la vacunación no esté recomendada, etc), estén también protegidas por la comunidad. 

Y por último, y no menos importante: “Las vacunas causan autismo”. Este concepto fue instalado por el ex (sí, por algo es ex) investigador Británico Andrew Jeremy Wakefield, en cuya tesis (ya desacreditada, por supuesto) correlacionó la vacunación de la vacuna triple viral (sarampión, paperas y rubeola) con pacientes que presentan autismo.
Esta publicación en una revista reconocida en el ámbito científico como es The Lancet hizo que disminuya drásticamente la cantidad de gente que decidía vacunarse desde fines de 1990, provocando catástrofes sanitarias como los rebrotes de sarampión.
Tiempo después se descubrió que los resultados publicados eran forzados y no reproducibles, lo que llevó a conclusiones arbitrarias y a una hipótesis sin fundamento, y la publicación fue desestimada y quedó sin validez. Sin embargo, muchos movimientos antivacunas continúan hablando de tema, aunque esta persona ni siquiera pertenezca al mundo científico debido a sus resultados arbitrarios.

En resumen y como se puede observar, todos las posturas más conocidas de los movimientos antivacunas carecen de fundamento científico real, quedaron viejas o demostraron fracasar en la implementación real a gran escala en la sociedad. También es bueno aclarar que no siempre hay que creer lo que se lee simplemente porque alguien “del palo de la ciencia” lo dice porque, como podemos ver, también puede ser equívoco. Desterrar los mitos sobre lo negativo de la vacunación es muy importante, y estos movimientos continúan siendo muy peligrosos: De hecho, la OMS declaró que los movimientos antivacunas son una de las principales amenazas contra la salud mundial.

Lo cierto es que, al final, nada es más dinámico que la ciencia, todo el tiempo se descubren cosas nuevas y se vive en cambio permanente. Lo importante como comunidad es saber adaptarnos a eso, no quedarnos atrás con la información y, como suele decirse siempre, que toda data sea con evidencia clara, concreta y comprobable. 

Más información: https://www.who.int/topics/vaccines/es/