Al rescate en pijamas – Por Cintia A Morrow

Al rescate en pijamas – Por Cintia A Morrow

Mi mañana comenzó como tantas otras: con Monsieur Aleyo tocándome el timbre porque se había olvidado algo. En este caso era, evidentemente, la llave, pero también la billetera y el teléfono. Llevaba la mochila, aunque sea. Y por suerte, se había acordado de agarrar a Matías, porque se suponía que lo estaba llevando a la escuela.

Cuando me volvió a sonar el timbre, a los pocos minutos, no me sorprendí (aunque ya me hubiera sonado dos veces antes de las 8:45 de la mañana). Pero no era Monsieur Aleyo, eran mis dos vecinitos que me hablaban a la vez pidiéndome ayuda en francés. En pijama, descalza y sin cerrar del todo la puerta porque Daniel dormía, los seguí hasta su departamento (frente al nuestro) y me encontré, al final de un pasillo, con la voz de un progenitor encerrado en el baño.

“Esperen” dije, y me fui a buscar las herramientas. Mis vecinitos partieron a la escuela y me dejaron a su hermana mayor para hacer de traductora (no en el idioma, pero sí entre mis gesticulaciones para señalar alguna pieza del picaporte y su correcta palabra en francés). El padre hablaba sin parar del otro lado de la puerta, calculo que lo ponía nervioso la idea de dos mujeres y una caja de herramientas como único equipo de rescate, pero no tanto como para llamar, y sobre todo pagar, al cerrajero de urgencia.

Con mi aliada del lado de los libres decidimos quitar el picaporte, así que procedí a ello y, por mucho que lo intenté, no logré abrir la puerta. El interesado decidió llamar a su propio progenitor. Yo les dejé mi caja de herramientas y les deseé suerte. Horas más tarde me enteré que tuvieron que romper la puerta para sacarlo, lo cual me hizo sentir mal por la puerta, pero bien por mi incapacidad en cerrajería. Mis vecinitos me devolvieron la caja de herramientas y mi aliada me lanzó una mirada cómplice que hablaba de nuestra odisea. En pijamas y sin desayunar, al menos, lo intentamos.

Por: @cdecintia

Ilustración por: @veri_ilustra